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Bradley Cooper eligió debutar como director con un relato clásico, que ya sirvió como vehículo de lucimiento de dos grandes artistas en épocas muy diferentes: Judy Garland en los cincuenta y Barbra Streisand en los setenta. Justamente en 1976, Streisand junto a Kris Kristofferson sacaron del ámbito del teatro la historia original y la ubicaron en el mundo de la canción, donde la relación entre descubridor y la estrella naciente tenía como uno de los temas centrales cómo se contaminaba la relación de pareja por estos desniveles. Ahora la misma historia seduce a una estrella que hace rato que dejó el sitio de cantante pop para determinado mercado y hace varios discos que viene demostrando que es una artista completa y es Lady Gaga la protagonista de esta nueva versión de este melodrama que se ubica otra vez en el mundo de la música. En el comienzo vemos a Jackson Maine (Bradley Cooper) terminando una presentación y saliendo de bares. Jackson está con la energía desatada y necesita una pasada por algún lugar donde poder tomar una copa y eso es lo que hace, en un bar donde pasada la medianoche se instala un escenario para que distintas artistas transformistas o Drag Queens desarrollen su arte. Allí Jackson escucha a una cantante que por su amistad con las chicas del lugar tiene su espacio desarrollar su repertorio que no es propio. El cantante estrella se ve deslumbrado por la versión de “La vie en Rose” de Ally, que a partir de ese momento conecta con él y de ahí al romance hay un paso, claro.

Los que conocen la historia no necesitan que ahondemos en el desarrollo y los que no vieron las versiones anteriores, preferirán seguramente descubrir lo que va pasando, así que no se asusten que no vamos a arruinarles nada contando a grandes rasgos de qué va el asunto. Cooper como director toma una decisión que es bastante sabia y le carga dramatismo a su personaje lo que seguramente intenta no poner sobre Lady Gaga el peso de la película. El asunto es que la relación entre ambos va avanzando al igual que sus carreras, que por supuesto, toman rumbos contrarios y mientras la de él declina, la de ella se afianza. Hay distintos momentos de lucimiento para ella que realmente le saca provecho y hay posibilidad de que Bradley Cooper desarrolle ese personaje alcohólico y cargado de problemas familiares.

El relato se asienta en el melodrama y desde el momento en que la lucha de Jackson con sus adicciones toma el centro de la escena, se vuelve un poco sombría, con Bradley que entra en convulsiones múltiples que no le hacen mucho favor al conjunto, pero bueno, si uno es director y productor, seguramente también quiere lucirse, así que el actor-director se da el gusto.

Nace una estrella es un entretenimiento sólido, con un descubrimiento que es el de Lady Gaga como jugadora de toda la calle y digna heredera de Judy Garland y de Barbra Streisand, a la hora de pisar el escenario o copar el centro de la pantalla en el cine. Así que desde aquí vaticinamos que Gaga, que es una estrella desde hace rato, tiene un futuro promisorio en el terreno del cine.

NACE UNA ESTRELLA
A Star Is Born. Estados Unidos, 2018.
Dirección: Bradley Cooper. Guión: Bradley Cooper, Eric Roth y Will Fetters. Intérpretes: Bradley Cooper, Lady Gaga, Sam Elliott, Rafi Gavron, Dave Chappelle, Anthony Ramos, Bonnie Somerville, Andrew Dice Clay, Michael Harney, Willam Belli. Producción: Bradley Cooper, Bill Gerber, Lynette Howell Taylor, Jon Peters y Todd Phillips. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 135 minutos.

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