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La relación entre Annie (Rose Byrne) y Duncan (Chris O’Dowd) es tan cómoda como aburrida, mientras que ella dirige un pequeño museo en un pueblo de Inglaterra, él enseña cine en la misma comunidad. Ambos parecen aceptar que rondando los cuarenta, esa meseta que los contiene va a extenderse para siempre, sin pasión pero tampoco sin sobresaltos. Annie es la más consiente del estancamiento porque Duncan tiene ala cultura pop para dirigir sus pasiones y no pensar en su propia existencia.Lo tiene a Tucker Crowe (Ethan Hawke), que editó un único y maravilloso álbum de canciones tristes y desapareció de la vida pública, así que la leyenda, chiquita, deGhetto, obsesiona al profesor que sigue las pistas sobre su paradero, elabora hipótesis sobre el significado de sus letras y defiende sus posturas frente a otros fanáticos que discuten a través de una página de internet. Creada por él, por supuesto.

Lo cierto es que fortuitamente y a través de la web, Tucker Crowe toma contacto con Annie -y sin adelantar casi nada-, por esas vueltas del destino llega cruza el océano, irrumpe e implosiona la vida de estable pareja y da paso a una segunda oportunidad para todos los personajes, gente razonablemente buena pero perdida.

Casi de inmediato la conexión obvia de Amor de vinilo es Alta fidelidad (Stephen Frears),primero porque Nick Hornby es el autor de ambos libros (también de Un gran chico, que en el cine protagonizó el gran Hugh Grant) y además, porque ambos transitan la nostalgia musical y ciertas obsesiones propias de la época como elementos probables y hasta necesarios para trazar algunas coordenadas sobre las relaciones y el amor.

Así que Annie, Duncan y Tucker, junto a un sólido grupo de personajes, están ahí, como para encarar el resto de sus vidas o dejar las cosas como estaban. Pero los protagonistas son adultos, con varios años vividos, principalmente Tucker, ya maduro y con un pasado mezquino y egocéntrico.

La comedia romántica y convenientemente agridulce se nutre de la disparidad de experiencias de los personajes, de ese desfasaje provienen las acciones, omisiones, la comedia y la reflexión sobre la madurez. Rose Byrne, Ethan Hawke y Chris O’Dowd son fantásticos para llevar a buen puerto la puesta de Jesse Peretz -con una larga trayectoria en televisión-, que sigue las reglas del género a rajatabla, con alguna dosis acertada de absurdo y la certeza de que la historia y el elenco harán (bien) el resto.

AMOR DE VINILO
Juliet, Naked. Estados Unidos, 2018.
Dirección: Jesse Peretz. Guión: Tamara Jenkins, Jim Taylor y Evgenia Peretz. Intérpretes: Rose Byrne, Ethan Hawke, Chris O’Dowd, Phil Davis, Azhy Robertson, Alex Clatworthy, Ko Iwagami, Lily Newmark, Denise Gough, Ayoola Smart. Producción: Judd Apatow, Albert Berger, Barry Mendel, Jeffrey Soros, Igor Srubshchik y Ron Yerxa. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 97 minutos.

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