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Nunca sabrás si estás despierto. El genio es maligno cuando no da respiro, cuando no podemos asirnos de ninguna pista para distinguir el sueño de la vigilia. Alejo Ruiz no puede transitar la vigilia, algo terrible aconteció. No hay arquitecto, ni genio humano, que pueda dimensionar los recovecos del edificio-mente. Hugo Curletto nos invita a perdernos, junto a Alejo, siguiendo las pistas del eco, aquel que viene del futuro y del pasado.

Una propuesta que tiene su fuerte en un guion complejo, para nada lineal, más bien la superposición de episodios compone una postal surrealista. Rota la barrera del mundo interno, la caída del muro quebró, más bien acotó, las distancias entre el recuerdo, el sueño y el presente del protagonista. No habrá certezas subjetivas que se confundan con verdades objetivas, transitar un guion construido bajo estas premisas es un desafío, alejado de los rutinarios horizontes de expectativa que todo espectador conduce a la sala. Es por ello que estando desprevenidos la confusión constante conduce al tedio y al aburrimiento, para alejarnos de ello la puesta apuesta al thriller psicológico dando lentamente varias vueltas de tuerca.

Alejo como Segismundo: un “vivo cadáver”, un animado muerto, emprende acompañado la búsqueda de una parcela de pinar que su padre le ha legado. Lo que no sabe, como buen capitalino, es que bajo los pinares ninguna vida se engendra, la acides de la resina todo lo mata. Construir un relato-edificio sobre arenas movedizas será imposible, mejor dejarse llevar por el vaivén de la imagen.

LA CASA DEL ECO
La casa del eco, Argentina, 2018.
Dirección y Guion: Hugo Curletto. Intérpretes: Pablo Tolosa, Guadalupe Docampo, Gerardo Ottero, Gina Cavagna. Duración: 97 minutos.

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