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Emma (Yamila Saud) es abogada y trabaja en el estudio de su padre. No hubiera querido ser abogada pero cuando era chica la muerte de su madre derivó en que le padre de Emma se dedicara a la bebida y ella tuviera que cuidar de él. Ahora ya la familia está en orden y Emma que siempre había querido ser artista plástica, se dedicó al derecho. Por su parte, Noah (Franco Masini) es el líder de una banda de punk rock -hay que decir que por suerte Malcolm McLaren está muerto y no se va enterar de esta visión de lo punk-.

Volvamos al hilo argumental, la banda de Noah busca la fama y se la está por dar a los pocos minutos de película, pero antes de que eso pase necesitamos que Emma y Noah que viven en mundos distantes, se encuentren, así que Noah se la lleva por delante a Emma en la calle y le tira por los aires unos papeles del trabajo. Noah la ayuda, se torean, pero el rocker le tira onda y la abogada por supuesto lo rechaza. No queda ahí la cosa, porque Noah la llama por cuestiones que no vamos a revelar y la termina invitando a ver a la banda. La noche en que Emma va con una amiga a ver al grupo hay en el bar otra interesad, Maia Levin (Andrea Frigerio) una manager de rock que sabe fabricar famosos. Maia los escucha y decide que Noah vale la pena, aunque la banda apesta. Así que mientras la abogada y el rockero se enamoran, la representante aparece en la vida de la banda de barrio para desplazar al baterista y contratarlos, haciéndoles firmar el típico contrato leonino que les han hecho firmar a muchas bandas a lo largo de la historia. El grupo, que hasta ese momento decía ser de punk barrial pasa a llamarse “Capricho”, algo digno de Fantástico pongamos, y empieza grabar temas pop gancheros.

¿Les parece trillado el argumento?. Si claro, pero además tiene problemas de verosimilitud y de guion y para agregar desatinos, alguien hizo que el personaje de Andrea Frigerio hable en un spanglish demoníaco. Suponemos que ya adivinaron lo que sigue, el rocker se marea con la fama y entra en una vorágine típica de esas carreras en ascenso, la pareja se pelea pero Emma descubre que Maia lava guita, pero el que firmó los papeles que lo incriminan en el lavado es Noah.

Fábula pop de ascenso y caída con una estrella mediática, Solo el amor no cuenta nada nuevo y tampoco lo hace bien. Sandro y Palito filmaron cosas parecidas y podemos rastrear en la historia del pop otros productos tan vacíos como este. Hay un clip simpático en el medio y está Gerardo Romano haciendo de padre de Emma. A las fanáticas de Franco Massini nada de lo que escribimos les va a importar, ya lo sabemos.

SÓLO EL AMOR
Sólo el amor. Argentina, 2018.
Dirección: Andy Caballero, Diego Corsini. Guión: A. Caballero, D. Corsini, Yamila Saud, Luis Cervi. Intérpretes: Franco Masini, Yamila Saud, Facundo Gambandé, Victorio D’Alessandro, Andrea Frigerio, Gerardo Romano, Bautista Lena, Josefina Ramírez. Fotografía: Sol Lopatin. Música: Luis Cervi. Dirección de arte: Coca Oderigo. Diseño de vestuario: Tamara Blnaco. Edición de sonido: Sebastián Levy Polat. Dirección de sonido: Jesica Suárez. Compaginación: Alberto Ponce. Duración: 95 minutos.

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