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Maté a mi padre porque una noche, me confundió con mi madre y yo tenía un cuchillo” dice Zula (Joanna Kulig), una más de las muchas jóvenes que intentan ingresar a una academia de arte musical, desde donde se elegirán a los mejores para formar un cuerpo de canto y baile ejecutando un repertorio tradicional por toda Polonia, cinco años después de la Segunda Guerra Mundial y ya en la órbita soviética. El talento que despliegan las chicas es superior al que demuestra Zula, que cumple pero ese no es el punto, porque ella brilla por determinación, carácter y pasión, lo que llama la atención de Wiktor (Tomasz Kot), el músico encargado de reclutar a los futuros artistas. Es a él a quien Zula le cuenta de su padre y admite que estuvo presa y es con él a quien quedará unida para toda la vida, con varias interrupciones, países de por medio y un estado autoritario que marcará su historia de amor durante décadas.

El director Pawel Pawlikowski, que en 2015 ganó el Oscar a la mejor película extranjera con Ida, regresa a la posguerra y pone en el centro del relato a una formidable historia de amor que se consume, se aviva y vuelve a empezar el ciclo siguiendo la cronología de la Guerra Fría, en fulgurante blanco y negro.

Esperanza y desesperación se desprenden de esta historia de amor imposible, en donde el clisé del temperamento eslavo se expone sin tapujos y la pasión de los protagonistas se pone de manifiesto en una puesta fría y casi distante. Zula y Wiktor van descubriéndose y aceptando que su destino está irremediablemente ligado, mientras el estalinismo se encarga de incluirlos en la geopolítica.

La música primero en Polonia, el amor, luego la huida a Berlín que ya está arreglada pero no, y la separación. Después Paris, el alcohol y la bohemia, el refugio romántico de los desencantados, los perseguidos, los expulsados y los aventureros del socialismo. Y otro reencuentro y la constatación de que no es el lugar de la pareja. Y de vuelta al régimen, para aceptar el destino.

La austeridad de Pawlikowski en Cold War -con la que ganó como mejor director en Cannes-, su falta de énfasis nivela la historia que tiene entre manos, mientras que la intermitencia de los encuentros y separaciones entre los personajes carga a la película de una densidad irrepetible. Se trata de película mediana que sin embargo no oculta su ambición de reflexionar sobre la conducta y las decisiones morales de las personas ante la opresión y el autoritarismo.

COLD WAR
Zimna wojna. Polonia, 2018.
Dirección: Pawel Pawlikowski. Guion: Pawel Pawlikowski, Janusz Glowacki. Edición: Jaroslaw Kaminski. Fotografía: Lukasz Zal. Diseño de vestuario: Ola Staszko. Diseño de producción: Marcel Slawinski. Intérpretes: Joanna Kulig, Tomasz Kot, Agata Kulesza, Borys Szyc, Adam Woronowicz, Adam Ferency, Adam Szyszkowski. Duración: 84 minutos.

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