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Cierta obsesión por la simetría recorre la película de Tomas Lipgot. Simetría que se revela en el lenguaje como un palíndromo como en la estética y la forma de la película, sus imágenes, sus encuadres son deliberadamente simétricos. Película lúdica, viajera que, de la mano de su director y protagonista recorre el universo secreto del juego constante con el lenguaje.

De obsesiones y de compartir esas obsesiones se trata Viva el palíndromo. Personajes extraños recorren el film empezando por el propio director que aparece en el primer segundo de la película haciendo eje en sí mismo. Pareciera que hay una especie de “cine del yo”, así como existe la llamada “literatura del yo” donde la primera persona, como cuerpo, como palabra, como elemento central de las películas las definen y las construyen a su alrededor. Su experiencia es la que formatea el documental, su cerebro es el que se pone en la pantalla para encontrar el lado científico del asunto, su cuerpo es el que viaja, el que recorre, el que entrevista. El cuerpo de Lipgot es la columna vertebral (que suele ser simétrica) de su película.

Tal vez la película apele a relevar a esos grupos que, en sus juegos inocentes, en sus estrategias lúdicas encuentran una salida amable a cierto estado de situación que nos aplasta y nos ahoga en un capitalismo donde el dinero es la única moneda de cambio. Los palindromistas son un grupo de gente que están un poco afuera de este sistema, no hay moneda de por medio, es el placer y el goce en sí mismos los que importan. Tampoco Lipgot –apellido que él mismo da vuelta, como un palíndromo único y personal- deja de notar que el tema de la simetría es uno de los órdenes que rigen la naturaleza y de ahí dispara la narrativa de la película que pone de manifiesto siempre el costado científico de esta manía contagiosa que se va alimentando de cuestiones estéticas y también un poco intuitivas.

Viva el palíndromo genera curiosidad por la actividad de estos personajes, por el modo en el que se conglomeran, por la manera en la que se relacionan. Y además genera un par de sonrisas amables, un poco ingenuas y esto, en este contexto de tanta rigidez no deja de ser un gesto más que interesante.

¡VIVA EL PALÍNDROMO!
¡Viva el Palíndromo!. Argentina/España, 2018.
Guión y dirección: Tomás Lipgot. Fotografía: Javier Pistani. Música: Alfonso Vilallonga y Pablo Urristi. Edición: Bruno López y Leandro Tolchinsky. Distribuidora: Duermevela. Duración: 99 minutos,

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