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Los nazis dan para todo. Me refiero a los de ficción, los de verdad también y más últimamente, pero mejor no amargarnos. Volviendo a los de ficción, y a los del cine en particular, podemos recordar que existe ese género infame conocido como Naziexplotaition, cuyos hitos son glorias del trash como Ilsa, loba de la SS (1975) o Nazi Love Camp 27 (1977). Más acá en el tiempo podemos anotar nazis esotéricos en Hellboy (2004), nazis zombies en Dead Snow (2009), nazis en el lado oscuro de la luna en Iron Sky (2012) donde Pink Floyd no tiene nada que ver, o esa irresponsable y genial reescritura de la historia que hizo Quentin Tarantino en Bastardos sin gloria (2009). Operación Overlord viene a sumarse a esto que bien podría ser una tradición o un rejunte y que se caracteriza por usar la Segunda Guerra Mundial como marco histórico, eventos reales y conocidos como fondo y los nazis como villanos para contar historias de género.

Ya desde el vamos el film toma su título del nombre en clave del desembarco de Normandía y se lo apropia de manera relajada e irrespetuosa, lo cual está muy bien. El desembarco de Normandía presta tanto el nombre como la excusa: durante el histórico día D, un escuadrón norteamericano tiene como misión traspasar las líneas enemigas para destruir una iglesia en un pueblito francés, una acción clave para facilitar el avance de las fuerzas aliadas. Lo que los miembros del escuadrón van a descubrir una vez allí es que el viejo edificio no solo funciona como centro de comunicaciones sino que además en sus catacumbas se realizan experimentos secretos con humanos, experimentos que tienen como cobayos forzados a los habitantes del pueblo ocupado. El plan que el líder alemán a cargo fórmula es construir un ejército de soldados invencibles ya que “un Reich de mil años necesita soldados de mil años”. El problema es que los experimentos todavía no están dando los resultados esperados y las pruebas están convirtiendo a las víctimas en seres muy fuertes pero monstruosos, inestables y con tendencias asesinas incontrolables.

La idea de los experimentos sobre humanos tiene obviamente su antecedente histórico en los experimentos de Josef Mengele sobre prisioneros de los campos de exterminio, esto mezclado con la idea del supersoldado que recuerda inmediatamente a Capitán América y su súpersuero, da forma a la propuesta. El hecho de que los aliados en su avance descubran estas atrocidades puede también remitir a las verdaderas atrocidades que estos encontraron al llegar a los campos, pero si bien esto puede estar presente en cierta medida el film no se toma a sí mismo tan en serio y se limita a rozar la cuestión para ir a lo que realmente le importa que es la acción.

El terror también forma parte del combo pero más para justificar la acción y para ofrecer algunas escenas de sangre y gore que no van a sorprender tanto a los que ya están curtidos en el género pero pueden generar una bienvenida tensión y un poco de comedia negra basada en cierta incomodidad ante lo que se está viendo. Algo que recuerda también a películas de terror ochentero como Re-animator (19859 y La novia de Re-animator (1989), con sus experimentos cuestionables, sus criaturas deformes y su jugueteo con la tolerancia del espectador. Por el otro lado, el film hace alarde de un ritmo vertiginoso y sostenido. La primera secuencia con la llegada del escuadrón, siguiéndolo desde el avión en plena invasión y en medio del combate hasta su accidentada llegada a tierra firme tras evacuar el vehículo en llamas, es impactante y pone al espectador in situ ya desde el comienzo, enganchado a la historia y a la suerte de esos personajes. Con un arranque así de potente se hace complicado mantener la vara y si bien no volvemos a tener una secuencia con el mismo vértigo, la acción se mantiene sin baches lanzada siempre hacia adelante.

En este tipo de relatos, con equipos forzados a convivir en medio de una misión, se suelen presentar personalidades bien diferenciadas. Los personajes están construidos de una manera que los hace bien inidentificables, respondiendo a parámetros que pueden ser estereotipadas pero que funcionan. Lo mismo pasa con los villanos. “Nazis, los odio” decía Indiana Jones, y acá le venimos a añadir más motivos, con unos nazis absolutamente brutales y un villano ideal para detestar, inhumano y maquiavélico, relamiéndose gozosamente en su propia maldad. Y, a pesar de estos viejos estereotipos, se trata claramente de un film moderno que coloca al frente a un protagonista negro y a una mujer fuerte y decidida.

Operación Overlord no se hace muchos cuestionamientos pero en medio del vértigo cuela ciertas cosas interesantes como al pasar, en especial la decisión de que su protagonista logre sostener una cierta ética hasta el final. Y todo servido en un envase incorrecto que mezcla géneros, influencias, hechos históricos e ideas bizarras sin culpa. Un pastiche irreverente, descarado, un poco descerebrado y sumamente entretenido.

OPERACIÓN OVERLORD
Overlord. Estados Unidos, 2018.
Dirección: Julius Avery. Intérpretes: Wyatt Russell, John Magaro, Bokeem Woodbine, Iain De Caestecker, Jacob Anderson, Jovan Adepo, Marc Rissmann, Dominic Applewhite. Guión: Billy Ray, Mark L. Smith. Fotografía: Laurie Rose, Fabian Wagner. Música: Jed Kurzel. Edición: Matt Evans. Producción: J.J. Abrams, Lindsey Weber, Producción Ejecutiva: Jo Burn. Diseño de Producción: Jon Henson. Distribuye: UIP: Duración: 109 minutos.

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