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A comienzos de los ’90 Spike Lee estrenó Malcolm X, Fiebre de amor y locura y Haz lo correcto, tres películas que daban cuenta que la agenda política del director, centrada principalmente en retratar el racismo en su país. Si bien la carrera del director estadounidense siguió con otros títulos que no alcanzaron la profundidad de aquellos relatos, aun así siempre fue un cineasta a tener en cuenta y ahora, casi 30 años después, vuelve a validar su trayectoria con un furibundo alegato contra la discriminación que incluye un recorrido histórico para explicitar el estado de las cosas en el presente, encauzado sobre un impecable trhiller con un topo en el corazón del KKK. Es decir Spike Lee demuestra que tiene tanta o más energía que antaño, a la que le suma la experiencia.

A partir del libro Black Klansman, escrito por Ron Stallworth que en 1972 fue el primer policía afroamericano en Colorado Springs, en donde contó su experiencia y la curiosa, arriesgada y descabellada misión de infiltrarse en el Ku Klux Klan (¿?), entablando una relación telefónica con los responsables de la organización racista y cuando hizo falta, la presencia de otro agente, Flip Zimmerman (de ascendencia judía, otro disparate), que adoptaba su nombre con el objetivo central de llegar al Gran Maestro.

El infiltrado del KKKlan abre con un fragmento de El nacimiento de una nación (1915), de David W. Griffith, película seminal del cine moderno por su extraordinaria calidad y a la vez, un instrumento de propaganda racista que contribuyó de manera decisoria a la estigmatización de la raza negra. Este film sienta las bases del discurso de Spike Lee sobre la lucha por los derechos civiles y el retroceso que advierte en estos últimos años.

Pero Spike Lee y actúa con libertad, recurriendo al falso documental, perfila a Stallworth (gran trabajo de John David Washington, hijo de Denzel) como un personaje de las populares blaxploitation (Shaft a la cabeza), utiliza fragmentos de noticieros con el momento donde un supremacista blanco embistió el año pasado a un multitud en una ciudad sureña, ensucia la imagen recreando el cine de los ’70, recuerda que en una conferencia de prensa que el presidente Donald Trump avaló a la derecha racista de su país.

Y sin embargo, a pesar de la gravedad de los temas que toca, la película atenúa el maniqueísmo que sobrevuela casi toda la obra de Lee con cierto aire juguetón, sobre todo en la relación de Stallworth con Zimmerman (el siempre eficaz Adam Driver) en plan buddy movie y sobre todo, poniendo en evidencia la ignorancia y estupidez de los integrantes de KKK.

Spike Lee nunca dejó de producir, pero sin ninguna duda la potencia, la inteligencia y la madurez de El infiltrado del KKKlan puede considerarse un gran regreso.

EL INFILTRADO DEL KKKLAN
BlacKkKlansman. Estados Unidos, 2018.
Dirección: Spike Lee. Intérpretes: John David Washington, Adam Driver, Topher Grace, Corey Hawkins, Laura Harrier, Ryan Eggold, Jaspar Pääkkönen y Ashlie Atkinson. Guión: Charlie Wachtel, David Rabinowitz, Kevin Willmott y Spike Lee. Fotografía: Chayse Irvin. Música: Terence Blanchard. Edición: Barry Brown. Diseño de producción: Curt Beech. Distribuidora: UIP (Universal). Duración: 135 minutos.

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