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Pocos creadores están tan identificados con un género al punto volverse uno solo con el mismo. Stan Lee, que acaba de dejarnos a los 95 años, no inventó el género de Superhéroes que es probablemente el gran mito del siglo XX y que está más vigente que nunca en el XXI, pero el volumen de su obra y la trascendencia de su legado lo convierten en la figura insoslayable. Más aún, pocos creadores están tan indisolublemente ligados a una casa, a una marca, a un sello. Stan Lee es Marvel Comics y Marvel Comics es Stan Lee. Y es con Marvel que Lee revolucionó el género a principios de los 60, le dio humor y desparpajo, dotó a sus personajes superpoderosos de humanidad, volvió a sus dioses falibles o atormentados, les permitió dudar, odiar, ser frívolos, vengativos, demasiado cerebrales o peligrosamente irracionales, los dejó equivocarse y también redimirse. Y en el medio, por supuesto, salvaron a la humanidad.

DC Comics, su rival histórica, tiene la tríada de personajes más emblemáticos (Superman, Batman y la Mujer Maravilla) y un extenso y variado elenco de escritores y artistas, pero no tiene una figura como él. No existe el equivalente de Stan Lee en DC ni en ningún otro lugar del mundo. En menor medida uno puede pensar en un René Goscinny en Francia o H.G. Oesterheld en Argentina, pero solo por aproximación. Lee creó los principales personajes de Marvel y en su papel de editor en jefe convirtió una pequeña editorial de cómics en una corporación internacional, un imperio multimedia que extendió sus dominios a las más diversas áreas de la industria del entretenimiento y, claro, al cine y la televisión.

Stan Lee nació como Stanley Martin Lieber y.venía de un hogar judío al igual que gran parte de los primeros creadores del género, como Jerry Siegel y Joe Shuster (Superman) Bob Kane y Bill Finger (Batman), Joe Simon (Capitán América) y por supuesto Jack Kirby su socio creativo durante las primeras décadas de la revolución Marvel. Mucho se ha dicho acerca de cómo estos creadores sublimaron e introdujeron la persecución de los judíos en Europa. En el caso de Stan Lee probablemente el lugar donde eso es más evidente es en los X Men, en la historia de origen de Magneto, un judío alemán que perdió a su familia en manos de los nazis y sobrevivió nada menos que a Auswitch. Esta historia fue retratada en el cine en X-Men: Primera generación (2011) donde Michael Fassbender interpretaba al joven Erik Lensherr, que en el campo de concentración empezaba a manifestar los poderes que lo convertirían en Magneto, líder de una facción de los mutantes, y serían también el instrumento de su venganza.

Haciendo una lista inevitablemente incompleta de los principales personajes que Stan lee creó en colaboración con sus dibujantes se advierte que estamos ante el elenco estable que saltó del cómic al cine y hoy domina las pantallas del mundo. Con Kirby creó a Iron Man, Hulk, Thor, Black Panther, a los Avengers y los X Men, con Bill Everett creo a Daredevil, con Don Heck a Hawkkeye y Black Widow, con Steve Ditko a Dr Strange y al más popular personaje de la compañía: su amigable vecino el Hombre Araña.

Su primera gran creación, Los 4 fantásticos, también junto a Kirby, todavía está esperando una adaptación cinematográfica que le haga justicia, entre ese bochorno que sirve como placer culpable que es la adaptación de Roger Corman de 1994, los dos desastres dirigidos por Tim Story en 2005 y 2007 y finalmente la decepción de 2015 con un realizador como Josh Trank cuyo inmediato antecedente (Poder sin límites) prometía mucho más. Sus otros personajes, los anteriormente mencionados, hoy reinan en el cine y la televisión. Si los Superhéroes son el género de moda en Hollywood y sus adaptaciones los grandes tanques de cada temporada, Marvel, ahora parte del imperio Disney, es la que dicta las reglas de la industria y los personajes creados por Stan son las grandes gallinas de los huevos de oro. Stan proporcionó hace 50 años la mitología del Hollywood del nuevo milenio. Aquellos que saltaron a la fama, se consagraron o revivieron sus carreras gracias a sus personajes salieron a despedirlo: Kevin Feige, presidente de Marvel Studios, realizadores como Joss Whedon y los hermanos Russo, actores como Hugh Jackman, Chris Evans, Tom Holland, Zoe Zaldana, Mark Ruffalo y Evangeline Lilly lo saludaron desde la redes sociales. El mensaje de Robert Downey Jr, es elocuente: “Te lo debo todo… Descansa en paz, Stan”.

Y si sus personajes son los amos de este Hollywood moderno desde el Universo Cinemático de Marvel (MCU) que viene arrasando desde la primera Iron Man (2008), la otra gran contribución de Stan Lee al cine son sin duda sus cameos. Todo aficionado sabe que en una película de Marvel nunca puede faltar ni la escena post-créditos ni la aparición del viejo Stan haciendo algún breve y desopilante papel donde hace gala de su desparpajo y su absoluta falta de miedo al ridículo. Y no solo en las películas del MCU, sino en las de otras compañías que también tienen derechos sobre sus personajes. Bendijo no solo los grandes proyectos sino también los productos no tan dignos. Ahí se lo puede ver posando para la foto con el mismo entusiasmo junto a Lou Ferrigno y un ignoto intérprete de Thor para el telefilm de El regreso del increíble Hulk (1988).

Stan no tenía pánico escénico y también lo vimos haciendo de sí mismo en varios film y series, como en Mallrats (1995) de su admirador Kevin Smith, donde daba consejos a un aficionado a los comics interpretado por Jason Lee, o aquel episodio de The Big Bang Theory donde Sheldon se colaba en la mansión de un malhumorado Stan arriesgando una noche en el calabozo con tal de pasar un rato en los cuarteles del maestro. Y es que Stan the Man, como se lo suele apodar, fue mucho más que un guionista, fue un creador, un editor, un empresario, un personaje mediático y un icono pop. Al contrario de muchos creadores no le huía a las luces y el brillo. Se sentía cómodo con el éxito y no era tímido con las cámaras, se notaba que se divertía y que la fama no le pesaba.

En los cómics los superhéroes mueren una y otra vez reviviendo de las maneras más creativas, rebuscadas o disparatadas. Stan Lee se nos fue y no va volver. No le hace falta porque en el momento de su partida ya dominaba el mundo. Su superpoder es la ubicuidad, el de haber conseguido que sus creaciones estén en todos lados y no pase un día sin que veamos su esfinge en un poster, una remera, un afiche o una pantalla. Stan Lee no solo le cambió la cara a los cómics, también contribuyó a darle forma al cine de masas contemporáneo. Sus creaciones ya son una parte de nuestras vidas.

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