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Acontecimiento, suceso, hecho extraordinario. Elija cualquiera de los tres rótulos u otro que se le acerque.

En efecto: que se estrene comercialmente “el último Godard” implica eso y mucho más.

Los defensores de su obra –desde los primeros cortos hasta El libro de la imagen, es decir, todo o casi todo aquello que hizo en más de 60 años – nuevamente preparamos una al lado de otra la batería de elogios recurrentes y habituales.

Los detractores (uf), por su parte, volverán a hablar de su ego, su presuntuosidad, su pose de oráculo poco entendible y esto y aquello (que incluye, solapadamente o no, la crítica hacia los defensores de JLG).

En el medio, otro montón de interesados que prefiere su etapa inicial, desprecia la era de la militancia y empieza a despedirse de JLG, sin fervores o excesos a favor o en contra, desde mediados de los 70 en adelante, es decir, cuando se presenta al mundo el Godard-video (Número 2, 1974).

Basta de prólogos.

El libro de imagen se refleja en el Godard de los últimos años, el de Nuestra música, Film socialismo y Adiós al lenguaje, no solo por la saturación de colores, la prédica de contar una no-historia o la forma en que se representa al mundo actual mirando al pasado. La manera que JLG aborda una y otra vez sus obsesiones temáticas ostenta una operación estética que el responsable conoce de memoria: hacer anclaje en hechos del siglo XX para hablar de estos días y desde allí volver a imponer su descreimiento, su postura nihilista sobre los tiempos que se vienen, su visión casi suicida en relación al contexto.

La vieja Europa, desde la mirada eurocéntrica de Godard, del Godard intelectual y reflexivo, del que propone un poema en imágenes y no una película, se materializa nuevamente en El libro de imagen. Más aun, esas imágenes transmutadas en libro, un libro visual o una imagen dentro de un libro, tiene su origen (otra vez) en aquel trabajo que Godard iniciara hace tres décadas y que le sirviera para describir al cine como testigo sobreviviente de un siglo XX que rozaba su epílogo. Sí, claro: Histoire(s) du Cinéma (1988/1998) es el aluvión inicial que deja vislumbrar el epitafio (hasta hoy interminable) de un pensamiento y el primer abordaje hacia otras zonas parecidas y / o casi similares, o en todo caso, dirigidas a esos films adyacentes y complementarios que llegan hasta hoy.

El libro de imagen es el último ejemplo.

Docenas de imágenes de películas y frases de textos de autores importantes rondan en la hora y media de “el último JLG”. Y si es así, ¿por qué no deberían también estar fragmentos de títulos del Godard de los sesenta y de aquella irrepetible Nouvelle Vague hasta más cercanos en el tiempo, como Alemania nueve cero, Helas pour moi y Adiós al lenguaje?

En los últimos veinte minutos de El libro de imagen, Godard articula su discurso desde la in-comprensión del mundo árabe, más específicamente de una entelequia arrasada llamada Arabia, como cuna de una civilización que la mirada centroeuropea burguesa jamás podrá descifrar desde su afán destructivo.

Allí, JLG recurre a materiales caseros de fuerte impacto visual, a construir un discurso que fustiga al poderoso, al habitante actual de un paisaje en permanente tensión. Godard habla de Arabia pero también la geografía elegida puede parecer meramente situacional ya que la mirada se amplifica y llega a otros territorios parecidos.

Godard deja su traje de revolucionario burgués para acomodarse en otro que propone resistir, en un ropaje de trinchera y barricada que ¿acaso? Intentará evitar la plaga fascista y dictatorial que se avecina en múltiples paisajes y geografías de estos días.

Nada mal para seguir reflexionando desde la opinión de un artista de dos siglos.

Nada mal para alguien que dentro de unos días celebrará su cumpleaños 88.

EL LIBRO DE IMAGEN
Le livre d’image. Francia / Suiza, 2018. Dirección y guión: Jean-Luc Godard. Producción: Fabrice Aragno, Mitra Farahani, Hamidreza Peiman y Georges Schoucair. Fotografía: Fabrice Aragno. Edición: Jean-Luc Godard. Con: JLG (narrador), Dimitri Basil. Duración: 84 minutos.

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