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Nunca entendí el excesivo prestigio que Hirokazu Kore-eda tiene en el mundo de los festivales y en buena parte de la crítica de acá y de allá. Está bien: su lejanísima opera prima, After Life (1999), exhibida y ganadora en aquel primer Bafici, sigue manteniendo su importancia. Aquella novedad argumental del film, el tono bajo y sutil y la forma en que se transmitía el encuentro con la muerte, entre otras cuestiones, sirvieron como presentación de un cineasta debutante.

Luego vendrían, entre otras, Nadie sabe; De tal padre, tal hijo y Un día en familia, diferentes en sus propuestas, pero más arraigadas a cierto academicismo festivalero, global y de consenso, que articulan un discurso que apela a la emoción, a ciertos lugares comunes, al reflejo de una sociedad en donde la familia es el sostén primordial para disimular carencias y ausencias.

Las películas – con subas y bajas – funcionan desde sus propósitos iniciales pero los materiales cinematográficos ya resultaban convencionales, poco arriesgados, supeditados a la búsqueda del impacto emotivo.

Dentro de esos tópicos puede analizarse Nuestra hermana menor, que no es el último film del cineasta (Shoplifters, Palma de Oro en Cannes este año, se estrenaría en febrero), donde el director asiático vuelve a interesarse por la des-composición familiar y los intentos en volver a armar un clan anárquico, disfuncional y que parece perdido en el tiempo.

Es lo que ocurre con tres hermanas (Souchi, Yoshino y Chika), chicas de barrio, que viajan a propósito de la muerte de su padre con el que no tuvieron relación alguna durante 15 años. Pero aparece Suzu (de ahí el título de la película), una adolescente, una hermanastra, una desconocida.

Con este conflicto –descripto a través de detalles breves y cautos –Nuestra hermana menorestimula el tono bajo y susurrante, las pequeñas rencillas, el re-descubrimiento de los afectos. Otros personajes se sumarán a la historia de las cuatro mujeres, familiares, compañeros de trabajo, parejas, jóvenes pretendientes a novios.

Así es el cine de Kore-eda: Nuestra hermana menor se ve sin demasiados inconvenientes aun cuando el exceso de metraje perjudica a la trama en la segunda mitad.

El problema sigue siendo la forma en que utiliza los recursos cinematográficos al servicio de la puesta en escena.

La música es empalagosa y pueril con sus violines que buscan la lágrima fácil. Los planos que transcurren cerca del mar también son obvios y redundantes como material simbólico. Las relaciones que se van estableciendo entre los personajes (de afecto, de amistad, de reconciliación) están trabajadas desde una superficie insoportable, sin profundizar ni ahí culpas propias y ajenas.

Kore-eda confunde lirismo (en clave berreta) con pretender ser “poético” mostrando a las cuatro hermanas mirando el mar.

Como ocurría en algún teleteatro de hace décadas, ahora con más dinero, bien facturado desde la parte técnica y recurriendo a exteriores estilo postal turística de un barrio japonés de clase media.

NUESTRA HERMANA MENOR
Umimachi Diary. Japón, 2015.
Dirección, guión y montaje: Kore-eda Hirokazu. Fotografía: Mikiya Takimoto. Música: Yôko Kanno. Intérpretes: Haruka Ayase, Masami Nagasawa, Kaho, Suzu Hirose y Ryo Kase. Duración: 127 minutos.

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