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Jafar Panahi vuelve con su cuarto film rodado bajo la condena impuesta por el régimen teocrático de su país (*).

Retorna a un cine de espacios abiertos, de búsquedas no solo temáticas sino también formales, donde vuelven a fusionarse el documental y la ficción, la representación de los hechos con la realidad coyuntural, la sabia combinación de situaciones y personajes con una geografía rural que desmenuza a una sociedad arcaica y primitiva.

Al inicio una adolescente registra vía celular su propia muerte debido a la desidia de sus padres que no aceptan un futuro lejos de aquellas tierras áridas, un futuro relacionado a su deseo de ser actriz. Desde allí el mismo Panahi y la actriz Behnaz Jafari, con aquellas imágenes terroríficas que llegaron a sus manos, salen a resolver ese enigma. ¿Quién envió la grabación? ¿Ella murió o nada sutilmente manipuló las emociones del director y la actriz con el propósito de llamar la atención? ¿Quién sujetaba la soga que anudó el cuello de la supuesta joven suicida?

Bajo esos parámetros, 3 rostros se abre a un abanico de infinitos territorios a explorar por el dúo de “investigadores”. Por un lado, el descubrimiento de una sociedad que no acepta al que desea alejarse de su terruño para emprender una vida diferente. Por otra parte, la desconfianza que transmite la pareja central a los pueblerinos, acostumbrados a un mundo de regido por un manual acorde a los mandatos paternos y, por ende, procedente de las decisiones que toma el hombre (“el padre de familia”) por encima del resto.

En esas variables temáticas y formales, a Panahi / actor se lo ve a sus anchas adoptando un rol secundario (haciendo de sí mismo, claro) para entregarle el nervio narrativo de su historia a la actriz Jafari. Ella, en su rol de mujer, es la que poco a poco descubre las características de esa zona ubicada entre Turquía y Azerbaiján, se sorprende ante ciertas “reapariciones”, se pelea y reconcilia con Panahi, se establece como mujer en un territorio hostil.

El fantasma del gran Abbas Kiarostami recorre más de una escena de 3 rostros, más de un camino de tierra, más de un viaje en ese auto que maneja Panahi. No solo por la sustancia temática (La vida continúa sería el primer espejo) sino también por la forma en que se conciben determinadas escenas con esos planos secuencia contemplativos que eran tan adictivos en el cine del maestro iraní (acá los espejos van desde Detrás de los olivos hasta El viento los llevará y El sabor de la cereza).

Pero la película de Panahi – con semejante herencia – tiene su vida propia, sus matices particulares, su mirada personal en relación a un conflicto específico que se convierte en una lectura sin contemplaciones de una sociedad determinada.

(*) 3 rostros es la cuarta película de Panahi “bajo arresto” o supeditado a la condena que le impuso el gobierno iraní durante 2011. Primero fue Esto no es un film (premiada en Cannes); luego Pardé / Closed Coutain y Taxi y ahora 3 rostros. Como mi desconocimiento sobre ciertos temas legales es menos que escuálido, surgen preguntas, así al voleo: ¿Panahi está “condenado” pero sigue filmando? ¿El director está en libertad condicional y carga con su condena, luego de filmar, encerrado en su casa? ¿Hay un acuerdo implícito o no tanto entre el condenado y el poder? Espero alguna respuesta que disimule un tanto mi amplia ignorancia.

Felicidades.

3 ROSTROS
3 Faces. Irán, 2018.
Dirección: Jafar Panahi. Guión: Jafar Panahi y Nader Saeivar. Fotografía: Amin Jafari. Edición: Mastaneh Mohajer y Panah Panahi. Con: Behnaz Jafari, Jafar Panahi, Marziyeh Rezaei. Duración: 100 minutos.

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