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El hecho histórico se cruza con la actualidad: de eso trata Río Mekong, documental de Ortego y D’Agostino que refiere a los refugiados laosianos y camboyanos que llegaron al país en 1979 por gestión de Naciones Unidos. El centro del relato, en tanto, es Vanit Ritchanaporn que cruzó el río del título para huir de la guerra civil en Laos.

Desde ahí, yendo de lo general hacia aquello particular, el trabajo profundiza las rutinas y supervivencias de laosianos en Chascomús (allí está anclada la comunidad más numerosa de Latinoamérica) y Misiones, escarbando en los recuerdos – las imágenes de archivo son potentes – y en una actualidad donde se entremezcla el desarraigo, el descubrimiento de una nueva sociedad, la labor cotidiana, el clan familiar, las relaciones con otros refugiados de aquellos paisajes tan lejanos.

En ese punto, la hora de duración del documental favorece al ritmo interno de la narración: los testimonios son los necesarios y nunca excesivos, las rutinas laborales son exhibidas con el tempo justo y necesario y el ida y vuelta entre el pasado y el presente converge a favorecer el resultado final del relato.

Una idea que moviliza internamente al documental es que Vanit formó una numerosa familia y cada uno de sus integrantes tiene su espacio, breve y concreto. Pero están, como si fueran un coro secundario pero importante, cada uno en lo suyo, matizando un discurso diferente al de aquel sobreviviente del desastre.

RÍO MEKONG
Rio Mekong. Argentina, 2017.
Dirección y guión: Laura Ortego y Leonel D’Agostino. Producción: Déborah Fiore, Nicolás Batlle y Leonel D’Agostino. Fotografía: Gustavo Schiaffino. Registros: Gustavo Tarrio y Laura Ortego. Edición: Misael Bustos. Diseño de sonido: Omar Mustafá. Música: Sebastián Coll. Duración: 62 minutos.

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