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Nicola Costantino presenta "Pardés" en la Usina del Arte.

Si bien las exposiciones “imperdibles” de este año estuvieron una vez más abocadas a las grandes figuras masculinas de la historia, como William Turner en el Museo de Bellas Artes, Alexander Calder en Proa o la muestra de grandes maestros del Renacimiento como Da Vinci, Rafael y el Greco, el 2018 demostró que aún queda mucho por contar de la mirada y sensibilidad frente al mundo de innumerables mujeres creadoras.

Así lo demostraron las impactantes fotografías de Sara Facio sobre peronismo, en el Malba, la retrospectiva de Delia Cancela en el Museo de Arte Moderno, la serie erótica y pop de los años 70 de Marta Minujín en la porteña galería Henrique Faria, la elección de Mariana Telleria para representar a la Argentina en la Bienal de Venecia 2019, la muestra dedicada a la prensa feminista en los primeros años de democracia curada por María Moreno en el Centro Cultural Haroldo Conti o el paraíso tropical y de seres andróginos, “Pardés”, de Nicola Costantino en la Usina del Arte.

La muestra del colectivo feminista Guerrilla Girls, se puede visitar en la Usina del Arte.

Lo cierto es que aún permanece vigente el reclamo por una equidad de representación de género en el arte -al igual que en tantos otros campos del saber y la creatividad-, frente al mapeo que da cuenta de la desigual representación de varones y mujeres. Esta desigualdad, en definitiva, “limita la posibilidad de acceder a perspectivas y sensibilidades distintas de las canónicas”, asegura Andrea Giunta en su libro “Feminismo y arte latinoamericano”, publicado este año.

Con ironía, los afiches de la exposición del colectivo feminista Guerrilla Girls, que por estos días se puede visitar en la Usina del Arte, dan cuenta de esto: “¿Las mujeres debemos desnudarnos para entrar al museo?”, reza uno de más famosos posters de este grupo, conocido por esconder su identidad detrás de máscaras de gorilas. “Las ventajas de ser mujer artista es trabajar sin la presión del éxito”, incomodan con otra de sus frases, en su cruzada por la igualdad de género en el arte. exhibe

Mariana Telleria representará a la Argentina en la Bienal de Venecia 2019.

Hace poco, la casa de remates Sotheby’s anunció que su tradicional semana dedicada a los grandes maestros (old masters) que se celebra cada enero en la ciudad de Nueva York, estará centrada en 2019 en mujeres creadoras del siglo XVI al XIX, bajo el nombre “La mujer triunfante”. Y no se trata que la subastadora no haya incluido anteriormente obras de mujeres en Old Masters, pero los números han sido hasta ahora en extremo desbalanceados: en 2018 por ejemplo vendieron obras de 1000 maestros y de apenas 14 maestras.

Old masters, en el inglés original, puede referir tanto a varones como mujeres pero en su traducción al español pone de manifiesto otro fenómeno que viene cobrando fuerza en el último tiempo: el lenguaje inclusivo, o por decirlo de otro modo, ‘les maestres del arte’, una discusión que a varios y varias no cae tan bien, que la Real Academia considera innecesario y que pese a eso copó la agenda de los medios y especialmente de las nuevas generaciones.


“Corazón destrozado” de Delia Cancela en el
Museo de Arte Moderno.

A principios de este año causó sensación el artículo “La lengua degenarada”, de Sol Minoldo y Juan Cruz Balián, publicado en la revista on line El gato y la caja, que hace alusión a este mismo tema: la predominancia de lo masculino en el lenguaje, que invisibiliza lo femenino.

El texto indica que las desigualdades “tienen su correlato en el modo en el que hablamos”, como “usar las formas masculinas para referirse a ellos pero también para referirse a todes, dejando las formas femeninas sólo para ellas; nombrar a las mujeres (cuando se las nombra) siempre en segundo lugar”. En síntesis, que el lenguaje es también “uno de los mecanismos que perpetúan la relación de dominación masculina”. exhibe El texto indica que las desigualdades “tienen su correlato en el modo en el que hablamos”, como “usar las formas masculinas para referirse a ellos pero también para referirse a todes, dejando las formas femeninas sólo para ellas; nombrar a las mujeres (cuando se las nombra) siempre en segundo lugar”. En síntesis, que el lenguaje es también “uno de los mecanismos que perpetúan la relación de dominación masculina”.

“Perón”, la muestra de Sara Facio que se exhibió en el Malba.

La nota iniciaba con un precioso ejemplo de un cuento del escritor David Foster Wallace: “Van dos peces jóvenes nadando juntos y sucede que se encuentran con un pez más viejo que viene en sentido contrario. El pez viejo los saluda con la cabeza y dice: ‘Buenos días, chicos, ¿cómo está el agua?’. Los dos peces jóvenes nadan un poco más y entonces uno mira al otro y dice: ‘¿Qué demonios es el agua?'”.

La idea de este ejemplo, explicaban los autores Minoldo y Balián, es recordar que “vivimos en una realidad que, a fuerza de rodearnos, a la larga termina volviéndose invisible. Y que sólo la percibimos cuando se convierte en algo disruptivo, en un estorbo en nuestro camino”.

Así, las mujeres siguen pugnando por un legítimo espacio de igualdad en el universo del arte, aunque en otros ámbitos ese reclamo sea más urgente y acuciante. La demanda de las artistas sólo cesará cuando esté internalizada la equidad en representación, visibilidad, cotización y reconocimiento; en definitiva, cuando la igualdad de género se sienta como nadar en el agua sin notar que allí mismo estamos inmersas e inmersos.

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