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Daniel Auteuil, actor todoterreno y figura infaltable del olimpo cinematográfico francés de los últimos treinta y pico de años, debutó en la dirección en 2011 con La fille du puisatier (La hija del pocero), la adaptación de una novela de Marcel Pagnol (que este mismo había también llevado al cine en 1940). Auteuil parece particularmente interesado en la obra del escritor, porque al poco tiempo la emprendió con la adaptación de tres de de sus piezas teatrales que forman el ciclo conocido como La Trilogía marsellesa. De estas ya estrenó Marius y Fanny (ambas en 2013) y ya tiene anunciada la tercera, César. En medio de esta tarea que podríamos llamar titánica, o al menos claramente demandante, arrancó un proyecto más distendido y liviano en el género que lo hizo conocido a fines de los 70 y principios de los 80: la comedia.

Auteuil, que también protagoniza, interpreta aquí a Daniel un editor ya veterano, casado y de buen pasar. Una mañana Daniel se encuentra en la calle con su amigo Patrick (Gérard Depardieu), quien hace poco abandonó a su pareja de años por otra mujer y lo invita a cenar a su casa junto a su nueva novia. La noche programada para el encuentro Patrick llega acompañado de la joven y despampanante Emma (la española Adriana Ugarte) para turbación de Daniel y disgusto de su esposa Isabelle (Sandrine Kiberlain). Así transcurre la noche en medio de situaciones incómodas y la actitud embarazosa y ridícula de Daniel a quien la presencia de Emma le dispara todas las fantasías amorosas/eróticas del hombre maduro que suponemos promedio.

Enamorado de mi mujer también es la traslación al cine de una obra de teatro, en este caso una comedia picaresca y de enredos adaptada por su propio autor, Florian Zeller. Y estos orígenes teatrales se notan. La mayoría del film transcurre en esa noche en la casa de Daniel y su esposa, y recorre las alternativas de esa cena accidentada. Lo que airea el relato es la puesta en escena de las ensoñaciones de Daniel en un continuo ir y venir entre realidad y fantasía. Estas fantasías, que sirven como desvíos pero también como ejemplos claros de la mente del protagonista, exponen los clichés más previsibles y transitados del deseo masculino: mujeres jóvenes, voluptuosas y complacientes, siempre fascinadas por el protagonista que las enamora sin proponérselo. Emma en tanto objeto de su deseo protagoniza estas situaciones con la ocasional participación de alguna otra señorita igualmente seductora y de similar actitud. Los escenarios son también lugares comunes del romanticismo más prosaico y mersa: hoteles de lujo, una mansión en el mediterráneo, los canales de Venecia. Digamos que a Daniel, por más miembro de la comunidad literaria parisina que sea, la cabeza no le funciona de manera muy original.

Las situaciones, si bien previsibles, al principio funcionan y provocan algunas sonrisas. Los actores acompañan sin estridencias pero con solvencia y la pareja cómica de Auteuil y Depardieu vuelve a demostrar su eficacia. Después de todo Depardieu es también un todoterreno con un currículum más que probado en el género. En el transcurso el planteo empieza a agotarse y el recurso de las fantasías va tomando cada vez más espacio hasta casi quedarse con el grueso del relato. Estas fantasías a veces son obvias y claramente identificables desde el comienzo y otras son apenas más sutiles y logran que se tarde un poco más en distinguirlas. Pero también estas se agotan y su apelación cada vez más frecuente no hace que el interés se recupere.

Se trata de una comedia liviana que toma de manera también liviana los temas que expone: la crisis de la madurez y el desgaste de la vida amorosa. A veces parece que se va a poner más seria pero no Los planteos del protagonista acerca de la insatisfacción con su propia vida o su eventual frustración o felicidad quedaron afuera probablemente por ser materia demasiado pesada y se optó por quedarse con la parte más superficial (y un poco patética) del asunto tales como las fantasías de virilidad y la fascinación de los señores mayores por la jovencitas. Cualquier planteo apenas un poco más denso queda afuera y la cuestión se resuelve sin mayores complicaciones quedando el recurso de la fantasía ya no solo como compensación, sino también como campo de ensayo seguro y como lugar de advertencia en un ambiente tan protegido como inofensivo.

ENAMORADO DE MI MUJER
Amoureux de ma femme. Francia, 2018.
Dirección: Daniel Auteuil. Intérpretes: Daniel Auteuil, Adriana Ugarte, Gérard Depardieu, Brigitte Aubry. Guión: Florian Zeller, sobre su propia obra. Fotografía: Jean-François Robin. Música: Thomas Dutronc. Edición: Joëlle Hache. Producción: Olivier Delbosc. Producción Ejecutiva: Christine De Jekel. Diseño de Producción: Herald Najar. Distribuye: Mirada Distribution. Duración: 84 minutos.

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