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En su segundo largometraje Victoria Miranda retoma en cierta medida el esquema del primero, Eso que llaman amor (2015), el de narrar simultáneamente tres historias a través de tres personajes. Sus vidas a veces se entrelazan pero en su desarrollo permanecen más o menos independientes una de otra y lo que comparten es una situación de vida, un estado común. En aquel caso era la frustración amorosa de tres mujeres. En A oscuras se cuenta la historia de tres personajes en crisis, dos mujeres y un hombre, con conductas autodestructivas y atrapados en una circunstancia de vida de la que no ven la salida.

El título alude a la zona oscura que están atravesando en sus vidas, pero también a lo otro que comparten: la nocturnidad, el hecho de moverse en el ambiente de la noche. Lola (Esther Goris) es una actriz con un pasado prestigioso pero un presente precario que, víctima de la depresión, se sostiene a base de la mezcla poco recomendable de fármacos y alcohol, Ana (Guadalupe Docampo) es una bailarina de caño atrapada en medio de una relación tóxica y violenta con un hombre que hace como que la quiere pero en realidad la explota, y Lucio (Francisco Bass) está a cargo de un local nocturno y parece muy seguro de sí mismo pero su adicción a la cocaína se le va descontrolando progresivamente. Los tres protagonistas se cruzan ocasionalmente en algún espacio como para dar cuenta que están en un mismo universo narrativo y lo que además los conecta es su relación con un personaje secundario pero presente en las tres líneas que es el taxista interpretado por Arturo Bonín, que en los tres casos aparece como suerte de guardián o consejero.

Estas historias individuales funcionan más por acumulación de situaciones, generalmente en el mismo sentido descendente. La progresión, si la hay, es de una cierta degradación subjetiva, y la dirección es hacia algún tipo de quiebre que podría, o no, plantear una nueva circunstancia o una nueva dirección, pero pareciera que el relato está más concentrado en sumar situaciones penosas como excusas para exponer el tema planteado que por darle un espesor a sus personajes

Los actores se ponen al hombro sus castigados roles y su circunstancia desgraciada y son lo más destacado de la película. Aún así, y a que a los mismos les pasa de todo, se hace complicado conectar con ellos, perdidos en sus excusas y conductas repetitivas. Salvo en el caso de Ana, la bailarina, la única que muestra una pulsión o un deseo de salir. Afortunadamente no hay un goce en la humillación y Victoria Miranda no demuestra el sadismo del que hacen gala otros realizadores tan concentrados en contar historias de caída. Por el contrario se nota una empatía que hace que la experiencia sea un poco más piadosa y humana.

A OSCURAS
A oscuras. Argentina. 2018 Dirección: Victoria Chaya Miranda. Intérpretes: Esther Goris, Guadalupe Docampo, Francisco Bass, Arturo Bonín, Alberto Ajaka, Daniel Valenzuela, Germán de Silva. Guión: Carla Scatarelli. Fotografía. Pablo Parra. Música: Lula Bertoldi. Edición: Liliana Nadal. Dirección de Arte: Catalina Oliva. Producción: Victoria Chaya Miranda. Producción Ejecutiva: Martín Bullrich. Distribuye: Primer Plano. Duración: 83 minutos.

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