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Amor sobre ruedas es el primer largometraje como director de Frank Dubosc, humorista, actor y guionista francés, cuyo currículum suma una larga lista de comedias populares en su país natal. Es famoso allí, entre otros éxitos, por la serie de películas Camping. No llama la atención que su debut en la dirección sea en el género que lo hizo famoso, quizás sí el que lo haga en el triple carácter de director, escritor y protagonista. Como si fuera poco ese desafío, este primer film se trata de una comedia romántica con vocación masiva, alardes de incorrección y mensaje supuestamente positivo, de integración y redención. No son pocas pretensiones.

Dubosc interpreta a Jocelyn, exitoso hombre de negocios con un puesto gerencial en una empresa de calzado deportivo. Bastante ególatra y desconsiderado en el campo de las relaciones, se la pasa mintiendo de manera indiscriminada. Uno podría tratar de disculparlo diciendo que lo hace de manera compulsiva, pero al verlo actuar nos damos cuenta que miente por deporte y porque puede. Y también para sentirse un poco por encima de aquellos a quienes engaña y sacar alguna ventaja. Por una serie de coincidencias intenta seducir a una joven haciéndose pasar por discapacitado motriz en una silla de ruedas. Esta lo invita a conocer a su familia y Jocelyn, mientras interpreta su papel, se encuentra allí con que la invitación de la chica era en realidad una excusa para presentarle a su hermana Florence (Alexandra Lamy), que también está en una silla de ruedas. Bueno, no también, porque ella si es una verdadera discapacitada. Jocelyn se encuentra atrapado en su mentira, una de la cual no sabe cómo salir, y cuando la relación con Florence continúe y, más aún, el empiece a tener verdaderos sentimientos por ella, sin atreverse revelar la verdad va a seguir prolongando la farsa de forma indefinida.

Típica comedia de enredos donde todo gira en torno a un engaño, asistimos a unas cuantas escenas de confusión donde el protagonista tiene que mantener su impostura en todo momento, con las numerosas situaciones en donde está a punto de ser descubierto y tiene que emplear recursos cada vez más disparatados para evitarlo (acá se nos pide una buena dosis de suspensión de la credibilidad). Gran parte de la propuesta se basa en cierto humor presuntamente incorrecto basado en chistes de discapacitados, presentes ya desde el título original, “Todos de pie” (el título local va en el mismo sentido), con comentarios descarados y gags basados en la torpeza del falso paralítico para arreglárselas con la silla de ruedas. Podríamos agregar, para hacernos los graciosos también y porque podemos, que está todo el tiempo a punto de meter la pata.

En esto de la incorrección y el humor con discapacitados podemos hacer alguna comparación (aunque sea odiosa) con la recientemente estrenada No te preocupes, no irá lejos con la que tiene esos puntos en común, pero aunque en ambos casos hay una transformación personal del protagonista e incluso cierto mensaje inspiracional, aquella no intentaba ponerse a moralizar. Mientras aquí el fondo de la cuestión, aparte de la historia de amor que sigue casi todos los carriles conocidos, es la redención del protagonista, su conversión de tipo arrogante y egoísta en uno más humano y compasivo, donde la comedia le da paso a la lección emotiva y sensiblera.

Hay que reconocerle a Dubosc que consigue contra todo pronóstico hacer querible y simpático a su cretino personaje. Lo acompaña con gracia Alexandra Lamy a quien vimos no hace tanto hacer de indecisa patológica en Dos amores en París. Su Florence es un personaje fuerte y decidido a quien su condición de discapacitada no le resta convicción y ganas de hacer cosas. Un cliché al fin y al cabo pero que funciona la mayor parte de las veces. Aunque el hecho de estar todo el tiempo sonriente y de buen ánimo a veces dan ganas de que se deprima un poco.

La duración termina siendo excesiva para un planteo de este tipo. Los chistes de paralíticos se suceden junto a las situaciones embarazosas y en algún momento la cosa se estanca y los chistes empiezan a cansar. Y encima toma la posta la parte emotiva. El protagonista tarda tanto en salir de la misma situación circular que uno duda si la redención es realmente merecida. El relato se estira y se estira para que, cuando finalmente la cuestión se resuelva de manera más o menos esperable, el asunto esté agotado y ya no importe demasiado.

AMOR SOBRE RUEDAS
Tout le monde debout. Francia, 2018.
Dirección: Franck Dubosc. Intérpretes: Franck Dubosc, Alexandra Lamy, Elsa Zylberstein, Gérard Darmon, Caroline Anglade. Guión: Franck Dubosc. Fotografía: Ludovic Colbeau-Justin. Música: Sylvain Goldberg, Emilien Levistre, Xiaoxi Levistre, Sylvain Goldberg. Edición: Samuel Danési. Dirección de Arte: Jérémy Duchier. Producción: Sidonie Dumas. Producción Ejecutiva: Yann Arnaud, Marc Jenny. Distribuye: BF + Paris Films. Duración: 107 minutos.

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