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En la semana que comienza la 12° edición del FIBA, se reestrena una obra que fue coproducida en la edición anterior y que sorprendió por su potencia textual y por cierta desmesura: Todo tendría sentido… impactó por desopilante, imaginativa, larga, por sus personajes barrocos y por momentos excesivos, construida con capas sobre capas de discursos y con sexo, droga y videos vhs. A partir del 26 de enero, la obra de Mariano Tenconi Blanco volverá a presentarse en el Teatro Payró.

Todo tendría sentido si no existiera la muertees un título que inquieta. Con la certeza de que la muerte existe, la obra podría llamarse “Nada tiene sentido”. Esto no solo le daría un oscuro tinte existencialista, sino que podría contarse como uno de los peores títulos de la historia del teatro. Lo cierto es que, aun tratándose de una historia de vida y muerte, la obra trabaja sobre esta interesante dualidad que propone ese juego de palabras.

María (Lorena Vega) es una mujer vieja, no importa la edad que tenga. Maestra de un pueblo del interior del país y madre soltera de una hija (Juana Rozas) con la que tiene el diálogo de un tiempo perdido, María suele compartir los días con su hermana (Flor Dyszel), también maestra, con quien mira películas en video que alquila cotidianamente. Desde el primer diálogo entre ellas se hacen presentes al menos tres elementos centrales de la obra: el humor –sostenido en el texto, en la construcción de los personajes y las actuaciones- el tiempo, y el deseo de las mujeres. Porque habrá cuatro mujeres deseantes perdidas en un pueblo, conminadas a una sexualidad atravesada por la mirada masculina.

A María le diagnostican un cáncer terminal y ante esa situación lo real y lo imaginario se encuentran. La casa, el único espacio concreto, se transforma en una escena despojada de cierto realismo costumbrista que traía, y así entra en escena Liliana (Maruja Bustamante) la encargada del video club. Con ella ingresa el whisky, la cocaína y el porno, a través de lo que se construye una relación de afecto honesto y profundo. ¿Qué viene a alterar la muerte en el orden cotidiano? ¿Qué puede ser peor, más peligroso o más complicado que morirse? No cumplir con ciertos deseos.

María quiere, antes de morir, filmar su propia película porno. En tiempos en que no existía el porno amateur en internet, ni las milfs ni los celulares con cámara, María quiere filmar con ni más ni menos que con Gino Potente (Agustín Rittano), el porno star argentino de las películas estadounidenses que más le gustan.

El humor de la obra, por momentos desopilante, se construye en una suerte de ruptura de la adecuación de los comportamientos que propondrían la escena del lugar y el momento. Así lo que no tendría sentido, comienza a tenerlo. Las operaciones dramatúrgicas y de puesta operan justamente en el mismo sentido que el título, si las cosas se contaran literalmente, no tendrían sentido. Tenconi Blanco reconstruye el sentido a partir de ese juego en límite de lo absurdo. La obra, por estas operaciones, puede crecer, alargarse, escaparse narrativamente y sostener al espectador atrapado durante tres horas en la butaca.

Los finales de la década del ’80 del siglo pasado funcionan de un modo perfecto para la cuestión: apertura a libertades y a la sexualidad, aunque en ciernes, así una iconografía en la que conviven los estilos pacatos de María, el registro dark de Liliana y el disco “descascarado” de Gino Potente. La libertad, como temor y como demanda, la apertura a las drogas y al porno hogareño, la primeras charlas sobre sexualidad y la caída de la fascinación – ya todo lo que fue maravilloso rápidamente dejó de serlo-, son algunas maneras de poner en escena la historia de María en un tiempo que fue fugaz.

Tenconi Blanco construye una historia con personajes más parecidos que diferentes, más generosos que egoístas, más amorosos que cínicos. Esto es básico para que el público logre empatizar con todos ellos, con cada uno de los diversos, raros, posibles y reales personajes que constituyen.

Es a partir de esta empatía, que se traza entre los personajes y con el público, que todo tiene sentido. Incluso, aunque exista la muerte.

Todo tendría sentido si no existiera la muerte se presenta por 10 únicas funciones sábados a las 20 y domingos a las 19 a partir del 26 de enero en el Teatro Payró, San Martín 766.

TODO TENDRÍA SENTIDO SI NO EXISTIERA LA MUERTE
Dirección y dramaturgia: Mariano Tenconi Blanco.Con Lorena Vega, Maruja Bustamante, Flor Dyszel, Juana Rozas, Bruno Giganti y Agustín Rittano. Escenografía: Oria Puppo. Vestuario: Cecilia Bello Godoy y Johanna Bresque. Iluminación: Matías Sendón. Coreografía: Jazmín Titiunik. Musicalización: Mariano Tenconi Blanco. Música original compuesta por Ian Shifres e interpretada por Francisco Garat, Arístides Prando e Ian Shifres. 

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