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Algunos realizadores tienen temas recurrentes que se pueden rastrear de forma más o menos reconocible a lo largo de su obra. Obsesiones se las llama a veces. También se dice que este continuo regreso a los mismos temas, a los mismos planteos, es justamente lo que los hace autores. En el caso de Hirokazu Koreeda, está claro que ese tema es la familia. Entendida en un sentido amplio, porque las de Koredeeda muchas veces no son familias en el sentido convencional del término y sin embargo funcionan como tales. Y eso es algo que se ve muy claramente en Somos una familia, su última película, ganadora de la Palma de Oro en Cannes y nominada al Oscar a mejor película en lengua no inglesa. 

La familia en cuestión es un grupo de marginales que viven juntos y un poco revueltos, medio apiñados en una pequeña y humilde casa. La integran una abuela, un padre, una madre, una hija joven y un hijo preadolescente, aunque los parentescos reales son poco claros. Sin embargo hay roles asumidos, afectos y un sentido de pertenencia. Esta familia se la rebusca como puede para ganarse la vida: la abuela recibe una pensión del marido fallecido, la hija trabaja en una suerte de peep show y los padres en empleos inestables y mal pagos. Como la plata no alcanza, sobreviven en base a pequeñas estafas y robos menores en tiendas. Robos en donde participan todos los miembros, incluidos los niños. Una noche encuentran una niña en situación de abandono y se la llevan a la casa, integrándola a partir de ese momento como un miembro más de la familia. Una decisión que adoptan de manera bastante natural, ya que veremos que es un poco así como toda la familia se fue constituyendo. La nena se integra como una pieza más, incluso participando de las actividades ilegales, pero su ingreso también va a poner en jaque a la frágil seguridad del grupo.

Koreeda trabaja con las emociones de una manera sutil, sin estridencias, pero cálida y humana. En su retrato demuestra empatía por esos personajes imperfectos, disfuncionales y en muchos aspectos cuestionables, sin hacer una condena moral. No los justifica, pero trata de entender sus razones y sus sentimientos. Así es como asistimos en la dinámica familiar a la labilidad de las reglas: el secuestro no es tal si no se pide rescate, el robo se justifica si la tienda no está por quebrar. Los padres adoptan a los chicos, los alimentan, les dan refugio y los incorporan a sus actividades pero también los dejan bastante sueltos. En esto hay un punto de comparación con otro de sus films, Nadie sabe(2006), donde, abandonados por la madre, los chicos se las arreglaban solos y sobrevivían como podían en una circunstancia casi insostenible. 

Hay por lo menos tres generaciones en la familia, pero la autoridad no es muy sólida, e incluso a veces son los chicos más responsables, o por lo menos más conscientes, que los adultos. Se han hecho comparaciones con Oliver Twist por el uso de los chicos para robar, pero donde en Dickens hay crueldad y sometimiento, aquí hay un intento de contención y afecto e incluso sacrificio. Algo que se maneja en la medida de lo posible dentro de una situación tan inestable que previsiblemente no puede durar demasiado.

Koreeda hace un comentario social sin subrayarlo. Si bien los personajes tienen trabajos más formales o más precarios, está claro que esto no es suficiente para sobrevivir. Con lo cual también se está diciendo algo sobre el presente, donde el trabajo ya no es un lugar de pertenencia y seguridad y donde hay cada vez más gente fuera del sistema. Pero todo esto está presente sin necesidad de hacerlo evidente. El realizador continúa planteando la pregunta ¿qué es una familia? ¿qué la constituye? Y no pretende dar respuestas fáciles. Sus temas, sus obsesiones, son lo que lo convierten en un autor, pero es la forma en que los trata lo que lo convierte en un artista talentoso y sensible. 

SOMOS UNA FAMILIA
Manbiki kazoku. Japón. 2018.
Dirección: Hirokazu Koreeda. Intérpretes: Lily Franky, Sakura Andô, Mayu Matsuoka, Jyo Kairi, Miyu Sasaki, Kirin Kiki. Guión: Hirokazu Koreeda. Fotografía: Ryûto Kondô. Música: Haruomi Hosono. Edición: Hirokazu Koreeda. Producción: Hirokazu Koreeda, Kaoru Matsuzaki, Hijiri Taguchi, Akihiko Yose. Producción Ejecutiva: Takashi Ishihara, Yasuhito Nakae, Tom Yoda. Diseño de Producción: Keiko Mitsumatsu. Distribuye: CDI Films. Duración: 121 minutos.

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