Compartir

La cordillera del viento atesora cantos inmemoriales. Allí hombres y mujeres criaron ganado arando el suelo guiados por las estrellas. Hay algo sagrado en el silencio que los vientos cordilleranos acunan. Fascinación de sucesores quebrados, el crisol de nuestra historia señala la sutura con nostalgia.

Pedrusco y jarilla componen el paisaje coronado por la blanca montaña, quizás por inhóspito Miguel Zeballos decidió vincularlo poéticamente con la muerte y la soledad. Los hijos de aquellas tierras están más cerca del sol, su vínculo con la muerte es la contracara presente de la robustez de la vida.

Siguiendo a una campesina presenciamos sus sacramentos diarios: dar de comer al ganado, cuidarlo de las fieras y asistirlo ante la orfandad latente. El relato caprichoso se esfuerza por mostrarla aislada, reforzando el carácter inhóspito del paisaje.

Hay una doble enunciación que puja por ganar el pulso de la imagen, por un lado la solemnidad de la soledad, por otro la travesura y el juego de quien espía. Claramente el trabajo más fino esta puesto en la edición, poeta con alma de cuentacuentos. La densidad de la imagen documental se irgue robusta como la montaña, la autenticidad del rostro y el paisaje se devoran por completo a la palabra.

Mercedes Muñoz es las madres y las abuelas, una matriz en la tierra a la cual volvemos quebrados, nostálgicos. Perdimos nuestro entendimiento aturdidos por la velocidad de las cosas, ella nos devuelve la calma con todo el viento en su voz. En la Patagonia madre nacen muchas flores extrañas, esta vez soñando lejanías el cine echa la vida al andar.

UN CONTINENTE INCENDIÁNDOSE
Un continente Incendiándose. Argentina, 2017.
Dirección y guion: Miguel Zeballos. Interpretes: Mercedes Muñoz. Duración: 72 minutos.

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here