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Para González la cámara es, evidentemente, como lo fue para tantos maestros del cine, un instrumento de una potencia descomunal que logra mostrar aquello que el cine más comercial, más industrial oculta. La cámara de González escudriña entre las grietas de las paredes descascaradas del conurbano, y muestra la realidad casi sin filtros, pero a la vez haciendo que su cámara se haga visible, que se note. En este juego de seducción entre mostrar lo real y a la vez visibilizar el instrumento se juega la estructura de la película. Tal vez sea una estrategia que nos acerca a la ya antigua distinción entre documental y ficción, entre la mirada fuertemente documental de González y la posibilidad de hacer visible, por ejemplo, los movimientos de cámara. De algún modo, la ficción – ese concepto tan desvencijado en la actualidad y al que hay necesariamente que volver cada tanto- tiene cierto compromiso con la verdad o con la realidad, términos que frecuentemente se seducen y se abandonan, como buenos amantes. La cámara de González, la que se hace visible suspendiendo rostros y lugares que han sido ocupados y ahora están vacíos, la que sigue a sus personajes de cerca, poniendo el cuerpo en sus recorridos eternos por las calles laberínticas de la villa, la que describe la larga caminata de la piba a la salida de la cárcel; es la cámara que se hace visible tras la mirada directa del director. Hay alguien que conduce la narración, que establece un punto de vista, que elige sus materiales y sus formas; y ése que elige es González estableciendo un modo sutil y a la vez bestial de hacer cine.

Atenascompleta una trilogía que empezó con Diagnóstico esperanza y siguió con Exomologesis. Las tres cifran un universo propio, personal y a la vez social y público.Atenasno deja de oscilar constantemente entre ésos dos polos, eso que es íntimo y aquello que es público, ahí radica su libertad en las formas y su sensibilidad en su narrativa.

La historia que cuenta Atenas es la historia cotidiana de la vida en las afueras de la Capital. Una piba que sale del penal de Ezeiza es el eje conductor de una historia común y corriente, dolorosa, intima. Perséfone es esa chica, común en su cotidianidad y singular en su intimidad como su propio nombre que deviene en una tragicidad de la que el personaje se hará carne. A lo largo de los días, esta piba intenta vivir como puede, más bien como la dejan; dejando en claro que es esta sociedad, en la que vivimos, la que no respalda y no acompaña a personas vulnerables. En ese sentido, tal vez el trazo de González sea un poco grueso al delinear estos personajes , esta estigmatización que suele ser molesta, en este caso tiene relación con la marca rabiosa del modo en el que se elige contar la indignación de una sociedad que no ve, que no escucha, que no siente al otro en sus realidades. Mostrar la vida de la clase más postergada del país no es fácil, poco cine se hace cargo de eso, salvo Raúl Perrone o José Celestino Campusano con los que quizá haya una línea de parentesco. 

El gran tema de la película, como en las anteriores del director, es la libertad. ¿Qué hacer con ella? ¿Qué es, ontológicamente, la libertad? ¿Qué tiene que ver con el cuerpo?. Es necesario pensarlo más allá de la “supuesta” libertad de la que ahora goza la protagonista de la película al salir de la cárcel, Atenasva más allá de este caso puntual que le sirve al director para estructurar su narrativa. La pregunta por la libertad sobrevuela la película, y se queda atascada en cada recodo de ese laberintico espacio, ese Inframundo  que es la Villa y se pierde sobre el final, dejando al espectador frente a esa realidad innegable donde los forasteros seguirán buscando su lugar.

La propuesta de César González es dura, tanto en lo que se muestra como en lo que se dice, no hay edulcorantes que puedan endulzar la realidad. Sin embargo su cine está ahí, un poco huérfano, un poco forastero, tal vez un poco solitario; desnudar hipocresías y devolverle la dignidad a los hombres no es tarea fácil, ni de plantear ni de recibir.Atenascon su Perséfone de ese Inframundo que es la Villa; habla de destinos y de tragicidades, de orfandades y de solidaridades, de religión y de dioses privados; sin dudas es un cine diferente al que estamos acostumbrados a ver en Argentina. Un cine que no puede negar la fuerza estética y poética no solo de sus imágenes sino de sus palabras, una personalidad cinematográfica para tener en cuenta. 

ATENAS
Atenas. Argentina, 2017.
Dirección, guión y edición: César González. Intérpretes: Débora González, Nazarena Moreno, Verónica Fernández, Marcelo Chávez, Mariano Alarcón, Nadia Rodríguez, Nazarena Moreno y Alan Garvey. Fotografía y cámara: Ezequiel Briff. Música: César González y Jorge Sandoval. Sonido: Joel Paez y Mariano Mazitelli. Producción/Distribución: Pensar con las Manos. Duración: 76 minutos. 

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