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Un solo espectador por función, elegido casi al final de la obra por Marina Otero, conoce el arcano oculto tras el título de la obra ¿Es eso importante? Jamás lo sabré, porque no fui el elegido.

Lo que sabemos desde el comienzo es que la obra es un juego permanente entre realidad y ficción. Que va a proponer un camino de ida y vuelta entre lo orgánico del teatro y su supuesta vitalidad, y la ya “enterrada” lógica de la representación; entre la fama televisiva y la austeridad del teatro independiente; entre lo que se hace y lo que se debe hacer; entre cómo ganar plata y cómo ser feliz sobre el escenario.

Gustavo Garzón es un actor que alcanzó la fama a través de la televisión y trabajó con estabilidad, buenos ingresos y los favores del público durante años. Hasta que un día enfermó de cáncer, situación que superó rápidamente aunque no volvió a trabajar como antes. Marina Otero es una bailarina, coreógrafa y performer de la escena independiente, reconocida pero sin dinero para pagar el alquiler. ¿Cuánto se podían aportar uno a otro trabajando en conjunto? Cuántas entradas vendería Garzón, se pregunta Otero. Cuánto podría revitalizar su trabajo actoral la joven Marina, es la pregunta de Gustavo. Así comienza la obra, con Garzón sobre el escenario en situación de confesionario.

Atravesada por el humor, un perfecto desarrollo rítmico y un trabajo escénico sencillo pero muy preciso con una cámara que sigue a los protagonistas, la obra se abre a discusiones intensas sobre el teatro, algunas antiguas y otras desde el presente. La fama, la necesidad del dinero, la idea de verdad en el trabajo del actor, el cuerpo, el rostro, la voz, la máscara. La felicidad en la escena, el dinero para poder vivir. En el presente la idea de lo orgánico de la actuación, las estéticas, la noción de autor y la repetición del gesto autoral como agotamiento de los recursos. El hacer las cosas para aplicar a subsidios, becas, festivales. Repetirse para que esa maquinaria funcione. Todo es tratado en diversos planos de sentido sin que en ningún momento la obra pierda el hilo central: qué produce el encuentro de dos generaciones, de dos trayectorias, de dos modelos de trabajo y cómo se puede crear (o no) en colectivo.

Es muy interesante como los discursos de ambos actores se oponen, se buscan, se cruzan y se resignifican. No hablan de lo mismo, pero el conjunto de dilemas que propone la obra son parte de los conflictos personales y profesionales de ambos. Cada uno tiene su momento individual y el tiempo de la búsqueda conjunta.

En 200 golpes de jamón serrano parece que con el fracaso de la búsqueda conjunta se obtiene el éxito, porque aquello que no puede ser, aquello que se rompe casi con violencia, adquiere sentido justamente por eso, por las tensiones que subyacen en la tarea del actor / autor / director / productor.

Hay algo central detrás de este trabajo escénico intenso, sensible, gracioso, vehemente: Garzón y Otero logran autenticidad y ficción frente a un espectador que vacila. Y el teatro es eso, un poco más o un poco menos.

200 GOLPES DE JAMÓN SERRANO
200 golpes de jamón serrano
Dramaturgia: Marina Otero. Texto: Gustavo Garzón, Marina Otero. Actúan: Gustavo Garzón, Marina Otero. Diseño de vestuario: Endi Ruiz. Músico En Escena y Cámara en vivo: Federico Barale. Chacarerean Teatre, Nicaragua 5565. CABA. Web: http://www.chacarereanteatre.com.ar
Entrada: $ 300 – Miércoles 21:00 – Hasta el 27/02/2019

http://www.chacarereanteatre.com.ar/
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