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Mientras veía Rey de ladrones recordaba más de una escena de Jinetes del espacio de Clint Eastwood. No solo por tratarse de una historia con viejos personajes encarnados por intérpretes veteranos sino también por el tono ligero y eficaz de una trama que busca la inmediata identificación con el espectador.

Pero acá no hay astronautas que pasaron holgadamente los 60 años sino un grupo de tipos curtidos (no todos) para asaltar una compañía de depósitos con buena plata (en liras). Hay un líder, Brian Reader (el genial Michael Caine) y un quinteto de compañeros de tareas personificados por Michael Gambon, Tom Courtenay, Jim Broadbent, Paul Whitehouse y Ray Winstone, la mayoría de ellos integrantes de la élite actoral británica del último medio siglo.

El director Ray Marsh apela a ciertos convenciones dramáticas: cada uno de los ladrones tendrá su parte discursiva y se conocerá su pasado (relacionado o no al líder Reader), habrá roces internos, referencias irónicas a la prolijidad inglesa y a las formas más vetustas de una sociedad y más de un encontronazo al momento de saber el reparto del botín (14 millones de liras) y el destino que le dará cada uno. Una línea argumental interesante (tampoco demasiado original) refiere al impacto que el atraco tiene en los medios de comunicación.

El espejo temático y estético de Rey de ladrones son aquellas comedias elegantes de los Estudios Ealing de los años 50, por ejemplo, Los ocho sentenciados, Whisky Galore y El quinteto de la muerte (su título más representativo). Es decir: corrección formal, diálogos sarcásticos, solvencia actoral, contextualización pautada por los textos y la tipología de los personajes.

De ahí que las intenciones de la película pretendan ir más allá de la nostalgia, de un cine melancólico que se concibió hace siete décadas, de una manera de transmitir el discurso que le debe con creces aPor Gustavo J. Castagna unas gambetas astutas del guión que a una puesta en escena con cierto rigor que omita por un rato al poder de las palabras.

Por eso la cita inicial a la película de Eastwood, esa otra película de viejos que deben viajar al espacio para detener un obsoleto satélite ruso. Entre estos astronautas dignos para el geriátrico y los ladrones ingleses de bancos median las diferencias entre un clasicismo inoxidable y una sutil verborragia británica meramente simpática.

REY DE LADRONES
King of Thieves. Inglaterra, 2018. Dirección: James Marsh. Guión: Joe Penhall y Mark Seal. Producción: Tim Bevan, Eric Fellner, Amelia Granger, Ali Jaafar y Michelle Wright. Música: Benjamin Wallfisch. Fotografía: Danny Cohen. Montaje: Jinx Godfrey y Nick Moore. Con: Michael Caine, Tom Courtenay, Jim Broadbent, Ray Winstone, Michael Gambon, Charlie Cox, Paul Whitehouse, Matt Jones. Duración: 108 minutos.

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