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Un policial de márgenes, un policial “familiar” aunado a la corrupción policial y al destino que le corresponderá a cada uno de los personajes es aquello que narra la nueva película de Rodolfo Durán (Cerca de la frontera, su opera prima; Cuando te vuelva a ver; El karma de Carmen).

Policial familiar porque hay un clan protagonista pero en las antípodas de los Puccio. Familia disgregada, con un hijo fuera de los negocios (Luciano Cáceres), un padre viudo que necesita dar un par de golpes más, levantar buen dinero y así retirarse (el excepcional Daniel Fanego), una hija peluquera (Anahí Gadda) que preocupa a su progenitor al no poder dejarle una mejor herencia, un yerno asociado a su andar delictivo (Alberto Ajaka), un chorro que sale de sale de la cárcel y que jamás oculta su comportamiento irascible (Ezequiel Baquero), y como centro operativo del argumento, el cana Molina (estupendo trabajo de César Bordón), quien maneja los engranajes públicos y hasta privados de un paisaje en permanente tensión.

La familia Nieto no se refleja en el clan Puccio porque Durán, en la primera parte de Lobos, describe con elegancia a un grupo que delinque sin regodearse en el dolor ajeno. Por eso, más allá del distanciamiento entre el padre y el hijo que trabaja para una empresa de seguridad, la fortaleza de este clan ciclotímico pero sincero en su intimidad no se compadece con las características de ese otro violento personaje recién salido de la cárcel.

Es decir, la necesidad por vivir al margen de la ley y luego retirarse se manifiestan en más de un acción del grupo. Pero siempre convive, al tratarse de quien guía las acciones de todos, el policía Molina, sujeto actuante cuando está en cuadro pero también protagonista desde el espacio off.

Los diálogos, muy bien trabajados, que se establecen entre el padre de familia y ese custodio de los movimientos ajenos y rey de los negocios turbios resultan los mejores de la película, en contraste con cierto esquematismo de los personajes de los hijos y del yerno.

Lobos se destaca por capturar una geografía que recuerda a la de Un oso rojo de Caetano y a aquella de los films de José Campusano, pero sin la roña y el salvajismo a flor de piel del autor de Vikingo y Fango.

Los últimos minutos, en oposición, a cierta previsibilidad argumental, acumulan buenos momentos visuales a través de un paisaje abierto, una lancha acaso salvadora, un tiroteo con la policía, cuerpos que caen, planos con cámara cenital y el destino que marca con sello a la familia Nieto, señalado tal vez desde la primera imagen de Lobos, cuando el contexto y las decisiones de un otro ajeno al clan ya prevén quién ganará finalmente la partida.

LOBOS
Lobos. Argentina, 2019. Dirección: Rodolfo Durán. Producción: Fabián Duek y Rodolfo Durán. Guión: María Meira. Fotografía: Mariana Russo. Dirección de arte: Augusto Latorraca. Montaje: Emiliano Serra. Música: Gabriel E. Bajarlía. Diseño de vestuario: Carolina Cichetto. Intérpretes: Luciano Cáceres, Daniel Fanego, Alberto Ajaka, César Bordón, Anahí Gadda, Fabián Arenillas, Ezequiel Baquero, Alberto Cattan, Martina Krasinsky. Duración: 92 minutos.

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