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Cuando el avión comienza el descenso para arribar a San José, la capital de Costa Rica, el mapa que se ve desde la ventanilla es una suerte de mancha verde sobre la tierra. A medida que el avión se acerca, ese verde comienza a tener formas, texturas, diversas. Costa Rica es sin dudas uno de los lugares con mayor biodiversidad del mundo y la propia ciudad, a pesar de la mayor presencia de construcciones, autos y personas, tiene una presencia de la vegetación que la distingue sobre cualquier otra capital en el mundo.

Esa diversidad se expresa, valga el puente, en esta séptima edición del Festival Internacional de Cine de Costa Rica (CRFIC), una de las más importantes ventanas del cine centroamericano y caribeño ante el mundo. El Festival se desarrollará entre el 28 de marzo y el 6 de abril. Esta edición presentará una programación que reúne 66 películas en competencia y exhibición de los mejores y más prestigiosos filmes del cine independiente de Centroamérica y el resto del mundo.

Poco se conoce en Buenos Aires del cine de esta región. Mientras permanece en cartelYo no me llamo Rubén Blades, película panameña de Abner Benaim –cineasta de quien se estrenaron sus tres largometrajes en la cartelera porteña-, películas como Ixcanul, de Jayro Bustamante, o Medea, de Alexandra Latishev, que se destacaron en festivales importantes de Argentina, no llegaron al gran público.

Adriana Cordero Chacón, productora general de CRFIC, explicó que el prólogo del Festival fue una muestra que se desarrolló durante 19 años. De modo que el pasaje de una muestra local a un Festival Internacional fue paulatino. La transformación acompañó el crecimiento del cine, costarricense primero y regional después, y hoy es una muestra atractiva, competitiva y poderosa.

Además de la extensa y variada programación, el festival, organizado por el Centro Costarricense de Producción Cinematográfica (Centro de Cine) del Ministerio de Cultura y Juventud, tendrá este año quince sub sedes, lo que permitirá que un mayor número de espectadores disfrutarán de la programación.

La película de apertura será Cómprame un revólver, del ecléctico Julio Hernández Cordón, que aquí propone una suerte de distopía del presente. México está dominado por narco traficantes, en un mundo donde faltan mujeres y todas están en riesgo. Por momentos thriller, por momentos humorística, la película propone una tensión dramática permanente y alta intensidad política.

Raciel del Toro describe al Festival como “un festival de cine independiente, lo cual es relevante en estas circunstancias en las que estamos demasiado expuestos al cine comercial en todas las ventanas de exhibición. En un contexto donde 9 de cada 10 películas que se proyectan al año en salas comerciales son exclusivamente provenientes de la industria audiovisual estadounidense, exhibir filmes producidos en 48 países diferentes, constituye una oportunidad inigualable para descubrir otras maneras de contar historias y otras formas de potenciar la luz”.

“Intentamos privilegiar un cine que propicie el pensamiento crítico como motor intelectual, pero cuya característica inherente sea la excelencia como arte cinematográfico”, afirma en la charla del Toro. Pero esto no implica que se proponga una cierta mirada elitista, sino todo lo contrario. Para Cordero Chacón uno de los principales desafíos “es lograr que la cantidad de público crezca, y sea cada vez más heterogéneo”

El CRFIC cuenta con tres secciones competitivas: Competencia centroamericana de largometraje, Competencia costarricense de largometraje y Competencia nacional de cortometraje. También cuenta con los apartados no competitivos de Panorama, Radar, Foco, De jóvenes, Retrospectiva, Cine Queer, Última Tanda y Clásicos de culto, cada uno conformado por películas con temáticas relevantes y abordajes originales para satisfacer los variados gustos de los públicos. También incluye espacios muy importantes de industria, con premios muy valiosos para los trabajos en proceso, al igual que muchas actividades vinculadas a la formación.

“Comprame un revólver”, será la película de apertura.

Programación y algunas recomendaciones

El director artístico del 7CRFIC, Raciel del Toro, se siente satisfecho por la programación para la edición 2019. Reconoce que la misma es “variada y múltiple en cuanto a idiomas, nacionalidades, temáticas, estéticas y modelos de representación, pero estable y constante con relación a los valores humanos y cinematográficos de todas las películas que podremos disfrutar”.

Dentro de las más de 60 películas que se verán en estos 10 días, y considerando al Festival como una vidriera del cine centroamericano y caribeño, se nos ocurre destacar algunas de las películas que nos permitirá ver el CRFIC.

Agua fría de mar de Paz Fábrega(Costa Rica) El primer largometraje de esta muy reconocida realizadora tica, fue también la primera película centroamericana en participar en el Festival Sundance. Un drama misterioso sobre una niña que aparece y se escapa de la vida de Mariana y Rodrigo. De allí cierto misterio se construye alrededor de una intensa mirada femenina.

Comprame un revólverde Julio Hernández Cordón (México) es la película de apertura del Festival y se presentó, también con mucho reconocimiento, en la última edición del Festival de Mar del Plata. Hernández Cordón es un cineasta que está casi siempre presente en el BAFICI

Dos Fridas de Ishtar Yasin (Costa Rica / México) cuenta la relación entre la enfermera costarricense Judith Ferreto y la pintora mexicana Frida Kahlo, a quien cuidó en sus últimos años de vida. La excepcional actriz María Medeiros, que también suele pasar por los festivales argentinos, compone a la surreal Judith y eso es por sí mismo un gran actractivo.

El baile de la gacelade Iván Porras (Costa Rica). Ganadora como mejor Ópera Prima en el Festival de Montreal e interpretada por Marco Calvo, un actor no profesional, es una de las películas que un crítico al ver sabe que tiene potencia para gustar a los grandes públicos. Sensible y sutil, el guion toca temas como la sexualidad en la tercera edad, el machismo y profundiza la mirada a propósito de la comunidad LGTBI.

La asfixiade Ana Isabel Bustamante (Guatemala) Durante el conflicto armado interno en Guatemala, el padre de Ana fue detenido y desaparecido junto con otras 45.000 personas. Ana se sumerge en la memoria de sus familiares y de quienes conocieron a su padre, entre los recuerdos que todavía no han pronunciado.

La batalla del volcánde Julio López Fernández (El Salvador) En el documental veteranos guerrilleros y soldados se enfrentan a los odios del pasado y a los dolores del presente cuando regresan, veinticinco años después, a los barrios de San Salvador donde combatieron en la batalla definitiva de la guerra civil salvadoreña.

La camaristade Lila Avilés (México) cuenta con una estética minimalista, algo que la vincula a gran parte del cine argentino de los últimos 20 años, la vida de una joven trabajadora de limpieza en un hotel de lujo. La película logra dar cuenta de la cuestión social sin grandes manifiestos. 

Miriam mientede Natalia Cabral y Oriol Estrada (República Dominicana) Primera película de ficción de la pareja de dos realizadores muy reconocidos en su país y la región, que presentaron en el BAFICI la muy interesante El sitio de los sitios. 

Pájaros de veranode Cristina Gallego y Ciro Guerra (Colombia). Ciro Guerra fue el realizador de El abrazo de la serpiente, que fue finalista en los premios Oscar, y aquí produce junto a Gallego una película que cuenta los orígenes del gran negocio del narcotráfico a través la historia del surgimiento de un polo de producción y tráfico de marihuana en La Guajira colombiana, impulsado por familias del pueblo wayú. Obtuvo grandes reconocimientos en los principales festivales del mundo.

Tembloresde Jayro Bustamante (Guatemala) Pablo, de 40 años, es un hombre casado con dos niños, modelo a seguir y cristiano evangélico practicante. Su vida tradicional perfecta comienza a resquebrajarse cuando se enamora de un hombre. Los sentimientos de Pablo entran en conflicto con sus creencias, y su vida se transforma en un infierno de intolerancia represiva cuando su familia y su Iglesia deciden hacer cualquier cosa para “curarlo”, forzándolo a suprimir sus deseos por medio de terapia.

Yo no me llamo Rubén Bladesde Abner Benaim (Panamá) Rubén Blades es un hombre al que todos y pocos conocen. Benaim da cuenta de estas muchas facetas y de la relación especial del Caribe con EEUU. La película fue rodada casi totalmente como una caminata para contar el camino de Blades, partiendo de aquel joven que cantaba en el barrio y que en 1964 descubrió que esa cultura estadounidense que dominaba su país, era parte de un régimen que consumó la matanza conocida como el Día de los mártires. Benaim construye un relato complejo, que está más allá de ser un retrato musical, un discurso político o una mirada sobre lo íntimo.

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