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Cuando llegan remakes de películas que aún se pueden ver, uno no puede evitar preguntarse que necesidad había de volver a filmar algo que ya estaba bien contado en 1983 por Mary Lambert. En el caso de Cementerio de animales en la original participaba en un cameo Stephen King, que es uno de esos autores que suele quejarse de los que hacen con sus libros al adaptarlos para una serie o una película. Esta nueva versión de Cementerio… vuelve sobre la historia de la familia que se traslada a un pequeño pueblo para lograr una mejor calidad de vida. Una familia típica, papá, mamá y la parejita de hijos se instalan en una cabaña a la orilla de la ruta por donde los camiones pasan a gran velocidad pero pese a tener un hijo bastante chico, no ponen ni una ligustrina para impedir el paso. La otra particularidad de la casa es tener un enorme terreno que no exploraron previamente, así que no se enteran de la existencia de un cementerio de mascotas hasta que la hija de la pareja no se mete en lo profundo del bosque donde se accidenta y conoce al vecino.

Hasta ahí va todo bien pero empieza a notarse que el lugar está cargado de presagios y que algo no anda bien. Señales funestas que pese a ser fuertes los miembros de la familia disimulan. Una mañana la mascota de la familia aparece muerta al costado de la ruta. Church era un gato amable y familiar que se llevaba particularmente bien con la nena de la familia y entonces Judd (John Lithgow) el vecino que se encariñó con la familia, le dice al padre del grupo familiar de ir a la noche a enterrar al gato -al presidente no, esta es una película de terror no de política-, así que ambos se van en el medio de la noche pero Judd le dice que no le entierre en el cementerio propiamente dicho sino un poco más allá. Papá y mamá le explican a sus hijos que el gato se escapó a pesar de que un rato antes habían estado hablando de la muerte, pero claro una cosa es hablar en abstracto y otra muy distinta es hablar sobre algo concreto. Pero mientras hablan con la hija esta les dice que Church no se escapó nada, que estuvo dando vueltas por la casa y tiene razón el gato está por ahí pero ya no es el gato amable y pachorriento que la familia trajo de la ciudad. Cuando el padre de la nena le pregunta a Judd este le cuenta que esas tierras más allá del cementerio tiene la particularidad de hacer volver de la muerte a los seres que son enterrados allí. También le cuenta que le pasó algo así con un perro y que el perro había vuelto hecho un verdadero incordio pero que esperaba que no pasara eso con Church, porque aquel perro originalmente ya era bastante mal llevado.

La vida familiar se enrarece y la mujer le dice al esposo que a lo mejor la idea de mudarse al campo no había sido tan buena pero llego el día del cumpleaños de la nena y vinieron los abuelos y todos felices festejaron al lado de la ruta por donde pasan los camiones a mucha velocidad y la jornada termina trágicamente. Ahora ya no quedan dudas de que está todo mal en ese lugar pero la familia Creed no aprendió nada y vuelva a usar esas tierras malditas para volver a la vida a alguien y ahora ya se pierde el control y las muertes se suceden.

El final es un poco convencional pero eso no quita que la película sea intensa y que logra por momentos trasladarle al espectador bastante tensión.

CEMENTERIO DE ANIMALES
Pet Sematary. Estados Unidos, 2019.
Dirección: Kevin Kölsch y Dennis Widmyer. Guión: Jeff Buhler. Elenco: Jason Clarke, John Lithgow, Amy Seimetz, Jeté Laurence, Hugo Lavoie, Lucas Lavoie, Obssa Ahmed, María Herrera, Alyssa Brooke Levine, Sonia Maria Chirila. Producción: Lorenzo di Bonaventura, Steven Schneider y Mark Vahradian. Distribuidora: UIP. Duración: 101 minutos.

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