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En su segundo largometraje después de La Noche (estrenando en el Bafici 2016 donde ganó el Premio Especial del Jurado), Edgardo Castro encara un film muy diferente aunque con algunos rasgos o inquietudes comunes. En aquel film, que mostraba un viaje al fin de la noche de drogas y sexo en diferentes variantes, Castro ponía el cuerpo para mostrar de manera descarnada la soledad y el hastío. En Familiadeja de lado cualquier atisbo de sordidez y cambia el ruido de la noche porteña por la presunta placidez de un hogar patagónico, pero vuelve a poner el cuerpo. Esta vez pone en juego su intimidad haciendo entrar en escena a su propia familia. Compuesta además de Castro, por padre, madre y hermana, no se trata de una familia modelo ni tampoco de una familia disfuncional, sino de una familia común, tan prosaica como la de cualquiera.

El film arranca con Castro en una peluquería poniéndose a punto para un viaje a Comodoro Rivadavia, su ciudad natal, para pasar unos días en la casa familiar previos a la celebración de la navidad y de su propio cumpleaños. Una vez allí, director y protagonista se inserta en la rutina diaria de comidas, siestas y más comidas frente a un omnipresente televisor. La incomunicación, que en La Noche era la imposibilidad de relacionarse en una acumulación de relaciones casuales, esta vez se expresa en la trivialidad de conversaciones mínimas o referidas a lo que pasa en la pantalla y donde la sordera del padre lo expresa de manera más evidente. Si bien la película está filmada en Comodoro Rivadavia, apenas tenemos un atisbo de la ciudad ya que los personajes no salen nunca de la casa, más que para ocasionalmente hacer alguna compra, cosa que según Castro expresó en la presentación del film, es algo muy común en los habitantes de la Patagonia. 

Familiatiene las formas del documental y el film de registro pero también los recursos de la ficción y las escenas que uno intuye de improvisación se alternan con las de clara puesta en escena. Conviviendo en la casa familiar, el personaje de Castro se mimetiza y es uno más en la dinámica descripta. Lo que en La Nocheera aturdimiento por el exceso de estímulos, en Familiase asemeja a una especie de estupor ante el rumor constante de la tele (la escena de la madre explicando el argumento de la telenovela El sultán es ejemplar). Con el correr de las situaciones el espectador también entra en esa observación letárgica donde lo cotidiano y rutinario adquiere un carácter del orden de lo hipnótico. 

Familia, de Edgardo Castro (Argentina, 2019)

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