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Retrato de un exiliado, peregrino del siglo XX el fantasma de Vincent van Gogh sigue apasionando a espectadores y artistas.  Una vez más, desde otro foco, con tantos otros metadiscursos rondando, Julian Schnabel nos entrega su Van Gogh. 

A grandes rasgos el guion podría ser descripto como un retrato del mencionado personaje. Ya todos conocemos el rechazo y la tortura al que fue sometido sobre todo en los múltiples asilos psiquiátricos donde vivió. Tragedia aparte su vida fue marcada por varios eventos entre grotescos y miserables. El abandono y la desidia inscriben un Van Gogh que tranquilamente podría ser un personaje de Dickens.

Más allá de la triste historia el guión tiene momentos de gran lucidez donde reflexiona sobre el acto y la contemplación creativa. Mucho “libre juego de las facultades” señalan a un Vincent rodeado y Uno con la naturaleza. Escenas cargadas de un misticismo ya poco retratado. Se destaca un gran esfuerzo en la puesta en valor del carácter expresivo del paisaje, tímidamente imitando al maestro (a su manera), la propuesta Schnabel se torna caprichosa y gestual. 

Ponerse en serie es como hacerse familia, de ello discuten apasionadamente Vincent y Gauguin en múltiples viñetas. La búsqueda de una comunidad donde las libertades sean espacios de discusión y propuesta. Todo aquello que la institución artística como academia, ya por ese entonces, no contemplaba: la puesta en crisis de sus normas y modelos como indicio de un nuevo paradigma visual.

La respuesta es el exilio, Gaugen apostaba por mudarse a Madagascar, Van Gogh no pudo escapar de la tiranía de los burócratas. Nunca vendió ninguna de sus obras. Como contrapartida la cámara en mano presente emprende con valentía el señalamiento de lo maravilloso en lo común, la expresividad de los sucios zapatos de Vincent. El sonido y la luz tienen gran protagonismo en la composición de los paisajes retratados, sin condicionamientos ni artificialidad en la edición, la cámara pretende captar la experiencia del instante. 

El viento nunca sopla de la misma manera ni agita las hojas en una misma dirección, los pastos marcan un surco indefinido ante el paso del artista. En el paisaje llano él ve la eternidad, la relación del espacio y el tiempo se complejiza hasta rozar lo onírico. La máscara de Dafoe sonríe en éxtasis ante el atardecer, descubre la luz mutando la paleta de colores. 

VAN GOGH EN LA PUERTA DE LA ETERNIDAD
At Eternity’s Gate. Suiza/Irlanda/Reino Unido/Francia/Estados Unidos, 2018.
Dirección: Julian Schnabel. Guión: Julian Schnabel, Jean-Claude Carrière y Louise Kugelberg.Interpretes: Willem Dafoe, Rupert Friend, Oscar Isaac, Mads Mikkelsen, Emmanuelle Seigner, Mathieu Amalric, Anne Consigny, Niels Arestrup, Vladimir Consigny, Vincent Pérez. Duración: 111 minutos.

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