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Anat es pianista y está embarazada. Casi de inmediato la felicidad del nacimiento da paso a la desesperación porque el bebé es sordo. Por supuesto, el comienzo puede ser poco auspicioso a partir de la paradoja obvia de una persona que tiene en la música su identidad, la peor maldición es tener un hijo que nunca va a acceder a su razón de ser. Pero no, la película parte de esa situación y establece la premisa de entrar en la lógica de esa madre y qué está dispuesta a hacer para que ese guión de hierro que ya había trazado para su hijo no sufra ninguna modificación.

Así que Anat tiene que arreglar un problema y lo resuelve rápido. Y a partir de allí la vida sigue, ella deja de tocar y se consagra a su hijo, terca, obsesiva, amenazante, firme y desquiciada. Un thriller manejado con buen pulso, que toma prestados elementos del terror en escenarios radiantes, seguros y confortables, lo que hace a la experiencia mucho más impactante.

God of the Piano (Israel, 2019)

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