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En esta película el gran logro de Santiago Loza es lograr trascender el planteo inicial, que contado en cuatro palabras despierta sorpresa y algo de curiosidad, para lograr una película sensible y de gran corazón.

Un transexual, un amigo gay con el que hacen un show de transformismo y otra amiga se van al interior y terminan organizando el regreso a su planeta de un extraterrestre que la abuela de la protagonista trans tenía escondido. La mujer que cuidaba a la anciana les dice que la abuela se había hecho amiga del alienígena, que a su vez atrasó su regreso para quedarse con la mujer y establecer con ella un convivencia sostenida en la necesidad de compañía de las dos partes, pero había llegado el momento de que el visitante volviera a su planeta y ese era el legado.

El director en una de las presentaciones de la película habló de la fragilidad de su creación y es que claramente no hay forma de entrar en este relato si no es por lo delicado y sensible. Conversando sobre la película el crítico y amigo Diego Trerotola dice que es como si se tomara un sketch de Cha cha cha y le agregaras corazón. Para lograr eso el director consiguió un trío que es oro puro, tres actores que se fusionan y logran que la historia funcione en todos los niveles posibles Romina Escobar, Paula Grinszspan y Luis Soda hacen que Breve historia del planeta verde sea el relato sensible y de aventuras que necesitaba ser.

Breve historia del planeta verde (Argentina, 2019)

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