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Aniara es el nombre de una nave de origen sueco con una cantidad de viajeros a Marte que pierde el rumbo y queda a la deriva. De allí en más la tripulación comienza a tomar medidas pensando en cómo mantener la nave en el espacio y confiando en que eventualmente aparecerá alguna forma de salvarse. La película está presentada en varias partes que van marcando el paso del tiempo. Los pasajeros van ganando protagonismo, la tripulación trata de mantener el status quo ya que aparecen distintas organizaciones sociales, incluida una secta religiosa que realiza orgías. Incluso a los cinco año,s parece que les han enviado combustible para que al menos, puedan ponerse en movimiento.

La película es una adaptación de un largo poema épico de 1956 de Harry Martinson que alguna vez fue ganador del premio Nobel de literatura y Aniara es algo así como una versión de la ciencia ficción que conocemos por lo general desde la usina de Hollywood. La puesta tiene un extraño diseño de producción y una mirada sobre una ciencia ficción hecha de otra manera, una diferente que de todas maneras se vuelve en cierta forma de la otra, con rayos láser y galaxias muy muy lejanas con algún toque a la Ingmar Bergman. La película acierta por momento y mete algún virulento golpe bajo, pero viendo esa nave de lujo al estilo de un Titanic, vale la pena recordar la frase con la que se publicitada Alien: En el espacio nadie escuchara tus gritos. Se los deberían haber avisado a esos suecos dicharacheros que se embarcaron rumbo a Marte, pero se encontraron finalmente en una especie de viaje metafísico.

Aniara, de Pella Kågerman (Suecia, 2018)

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