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Perrone como Anselmi, el solo pronunciar sus nombres marca la cadencia que ambas películas respetan. “La verdad ama ocultarse”, para ella se monta una fiesta-ritual, donde brotan mundos oníricos y de éxtasis. El teatro maldito como eterno ritual; ante el bacanal Perrone capta en sombras el frio rictus de la Verdad.

¿Cómo reprocharle al mundillo del cine sus miserias? Son la pequeña y delgada capa que cubre los rústicos engranajes. Sus actores, cuerpo que se derrocha en el cambio, panta rei, el fuego que se enciende y se apaga para transformar la palabra en sentimiento.

Lo que vemos en pantalla apenas es la membrana, como el relato de un sueño la mañana siguiente, por ello el componente auditivo se torna complejo- diletante. La confusión, pegajosa humedad de los sueños, se torna la única briza contra el calor de los flashes.

Sátira criolla, ladra el perro cínico señalando la abundancia en el nombre guaraní, Ituzaingó.

Ituzaingó V3rit4 es una vanitas, un bodegón preñando de objetos y sujetos del ocio. El punto sombrío desde donde abreva la posibilidad de la fantasía

Ituzaingó V3RIT4, de Raúl Perrone (Argentina, 2019)

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