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La cita cinéfila arranca desde el primer segundo. “Hasta donde me alcanza la memoria, siempre quise hacer una película de atracos”, cuenta en off León Siminiani y ese guiño a Buenos muchachos se le suman imágenes de esas películas que en España son de atracos y desde Hollywood se conocen como Heist Movies, donde Rififi es algo así como el Antiguo Testamento. Esa confesión determina el rumbo de lo que sigue pero Siminiani no se conforma con la ficción y quiere enlazar las películas con la realidad. Y la realidad le ofrece un personaje a la medida de sus sueños: Flako, conocido en la crónica policial española como “El Robin Hood de Vallecas”, un ladrón de bancos que se especializa en el método del Butrón, que consiste en entrar al sótano del edificio por medio de un agujero en la pared o el suelo (un butronero sería la versión hispana de nuestros boqueteros).

Flako cometió siete golpes en Madrid hasta que lo detuvieron en agosto de 2013. Siminiani se pone en contacto con él, lo visita en prisión mientras este espera sentencia y le propone hacer un documental sobre su vida. Precisamente el documental que estamos viendo. Flako también tiene su carga de romanticismo en cuanto a su actividad, se afirma en un código de solo atacar el poder económico, adopta el lema “sin odio, sin violencia, sin armas”,  y se compara con Robin Hood aunque del mandato de robarle a los ricos para darle a los pobres solo cumple el primero. La posibilidad de plasmar todo eso en una película es muy tentadora para ambos. Flako acepta con entusiasmo participar en el documental, aún con la oposición de su mujer, y hace muy buenas migas con Siminiani con quien, durante sus salidas transitorias, y portando una máscara que le garantice cierto anonimato, recorren los lugares significativos (entre ellas las alcantarillas de Madrid) mientras cuenta su historia y su arte.

Apuntes… es un documental en proceso que va contando y exponiendo su propio desarrollo. Siminiani, que pone el cuerpo y la voz, va expresando en su transcurso sus expectativas, sus entusiasmos y también sus prejuicios y temores. Ambos personajes construyen un vínculo muy cercano y una amistad genuina. Se produce entonces un paralelismo entre director y protagonista, uno desde la cinefilia y el otro desde la experiencia de vida y los antecedentes de su padre, el mismo también un atracador, a quien Flako cuestiona pero igualmente considera “un crak”. Y también por el hecho de que ambos acaban de ser padres por primera vez. El documental adopta una forma libre y Siminiani utiliza recursos varios y tiene la generosidad de ceder autoría a su protagonista a quien permite relatar por su cuenta, supervisar el desarrollo y traer sus propias filmaciones. Con lo cual el film se transforma en un interesante trabajo a dos manos, una película de atracos, pero también sobre la amistad y sobre las opciones, confrontando el romanticismo con la realidad (aunque sin soltar aquel del todo), encarada con humor y empatía.

Apuntes para una película de atracos (España, 2018)

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