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Una ficción cabalgada sobre un documental es difícil de montar. El contraste no soporta grandes aristas, hay que pulirlo a los golpes, machacando una idea. En este caso la idea no fue amansada, el resultado compone una cinta rebelde pero por momentos insulsa.

Con humor se pueden disimular defectos, los editores saben muchos trucos para hacer “zafar” material. No hace falta aclarar que esto no es necesariamente resultado de decisiones estéticas o pretendidas, el aspecto metodológico ligado al financiamiento condiciona todas las propuestas independientes. El tiempo sigue corriendo, mientras los citadinos corren por alcanzar el tren, en el medio del Chaco un grupo de cazadores persigue su presa. La tarea de la caza implica un despliegue organizado de instrumentos y relaciones inter-especies.

Los personajes de ficción se debaten por el tamaño de su Insula, abordando la imagen del nativo con muchísima culpa. La empatía es una materia en la escuela de la correccion política, lo vedado en el Otro debe ser analizado, absorbido, atravesado por nuestro paradigma para sobrevivir. Autónomos, autodeterminados, una manera más de re-producirnos al infinito, añorando la comunidad perdida. Quizás la nuestra sea una comunidad que fagocita a otras, como las ficciones donde los extraterrestres vienen a invadir nuestro planeta, nos imponen su tiempo y su urgencia.

Ínsula, de María Onis (Argentina, 2019)

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