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Matía es un joven marginal que llega con lo puesto a esconderse en unas islas del Paraná. Está escapando no sabemos de qué ni de quién. Intuimos alguna actividad delictiva, algo que salió mal, pero de eso no se va hablar. Lo descubre El Correntino, un patrón de poca monta dueño de algunas cabezas de ganado y personaje con cierto poder en la zona. El Correntino le da refugio y trabajo, no tanto por solidaridad como por la conveniencia de sumar mano de obra menos que barata. Matía se queda en el lugar, trabajando con las vacas en ese campo desangelado y entabla una relación con La Gaby, quien antes había sido mujer del Correntino, y el equilibrio ya de por sí precario de la situación se desestabiliza. Las opciones de Matía se achican y asociarse con otro empleado del lugar para robarle al Correntino se presenta como una posible vía de escape. Mientras, la amenaza de una creciente en el río que amenaza con llevarse todo puesto amplifica el clima de amenaza.

Los realizadores González y Santander vienen trabajando juntos en diversos proyectos, entre ellos el documental Uahat (2013) filmado a través del río Pilcomayo. En La creciente regresan a un entorno similar desde un abordaje de ficción y códigos de género. Mezcla de policial y drama social, sus personajes en permanente tensión se provocan, se miden y se contienen, sosteniendo una tregua siempre al borde de quebrarse. Hay algo de western en esa zona apartada donde la ley parece suspendida. Y también algo de film noir en ese pasado del cual no se puede huir y que amenaza volver con fatal insistencia. Filmado con sobriedad y elegancia en sus encuadres y planos secuencia, el film retrata con rigor pero también con humanidad y hasta con cierta belleza ese paisaje condenado y esos personajes desesperados.

La creciente (Argentina, 2019)

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