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Había una vez países solidarios, países cuyos habitantes tenían empatía con quienes sufrían persecución de alguna clase en otros países y abrían sus fronteras a quienes necesitaran ayuda. La Argentina supo ser así cuando masas de necesitados de Europa y de otros lados acudieron a ella cuando la hambruna y las persecuciones se hicieron sentir más allá de océano y recibió a todos ellos y de allí provenimos la mayoría de nosotros. Después fuimos nosotros mismos los que supimos de la solidaridad de México, Suecia, Francia, España y otros que se apiadaron de nuestros perseguidos políticos de la dictadura que se inició en 1976. Nanni Moretti en su nueva película elige contar una historia de cuando Italia fue solidaria con el pueblo chileno.

En 1973 al producirse la caída del gobierno de Salvador Allende se empezó a crear un verdadero círculo de terror en América latina. Aquel golpe de estado fue el final de un proyecto político de un socialismo democrático al que Chile llegó tras décadas de ejercicio de una democracia ejemplar. Al revés de lo que pasó en la Argentina desde 1955 nuestros vecinos Chile y Uruguay habían sido modelos ejemplares de democracia, pongámosle burguesa, pero efectiva. El documental del gran director italiano revisa un poco la experiencia chilena y se concentra en los días posteriores cuando un número de 250 chilenos fueron protegidos por la embajada italiana, el país de Europa que no reconoció oficialmente el golpe de la junta chilena.

Los refugiados de aquellos días dan su testimonio del terror de aquellos días y de como sobrevivieron mientras desde Europa se conseguían los papeles y se negociaba que pudieran viajar. El documental es convencional pero transmite emoción y Moretti no se priva de darle la palabra a un represor para que diga lo suyo, en ningún momento el director da a entender que le parece la mismo ese represor que sus perseguidos y se lo dice en la cara cuando es necesario aclare las cosas.

La otra parte del documental es el relato de los chilenos afincados en Italia, una Italia convulsionada pero con leyes laborales, derechos sociales y con la suficiente solidaridad cómo para encontrarle un lugar a esos perseguidos que llegaron a su país con la muerte pisándoles los talones, muchos encontraron en la estructura social italiana algo bastante perecido a lo que Allende pretendía construir en Chile.Hoy se consideran ciudadanos de ambos países y hablan con gratitud del país que los cobijó. Sobre el final se entiende bien la necesidad tratar este tema, en un mundo sin solidaridad e individualista, que deja que los africanos naufraguen sin poder pisar territorio europeo y se cierra a los perseguidos que se agolpan en la frontera turca huyendo de las persecuciones étnicas y religiosas.

Moretti elige recordar aquella Italia solidaria como si nosotros dejáramos de pensar en los problemas económicos de atender en nuestros hospitales y dejar estudiar en nuestras universidades a los latinoamericanos que vienen hacia nosotros en lugar de estar todo el tiempo haciendo cálculos propios de avaros.Hubo un mundo solidario donde los perseguidos de otros lados eran recibidos con los brazos abiertos, eso es lo que Moretti decidió recordar con este documental que sobre el final deja espacio para los ya clásicos números musicales del director italiano.

Santiago, Italia, de Nanni Moretti (Italia, 2018)

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