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En todos los dúos cómicos hay uno que piensa rutinas y traza las estrategias y otro que acompaña, así, en el gordo y el flaco el motor era Stan Laurel y Oliver Hardy era el que acompañaba. En 1937 el dúo estaba en su apogeo, pero era un número mucho más barato que el resto de los cómicos de la época que habían logrado independizarse y hacer sus propias películas. Chaplin, Keaton y el resto cobraban cifras millonarias y controlaban sus producciones, mientras que Stan y Ollie seguían atados por contrato al hombre que los había puesto frente a una cámara y de casualidad podría decirse, armó el dúo cuando los vio interactuar y romper todo el set de manera natural -de hecho uno de ellos en ese acto casi se prende fuego-. En un alto de la filmación Stan (Steve Corgan) le dice a Ollie (John C Reilly), que lo deje manejar la lucha por sus contratos con Hal Roach pero Ollie le recuerda a su compañero que en rigor de verdad solo uno de ellos está atado por el contrato a Roach. La filmación de esa película terminó, pero Laurel & Hardy no volvieron a trabajar nunca más juntos para el cine. Stan Laurel se quedó esperando que su socio abandonara a Roach para hacer una carrera independiente pero Hardy intentó hacer “El gordo y el flaco” con otro compañero impuesto por el productor pero ese experimento no funcionó.

Quince años después volvieron a juntarse, ya viejos y un poco agotados, ninguno logró hacer carrera en solitario, pero una gira por Inglaterra y una posible película que Stan Laurel está negociando les da un nuevo impulso. La película de Jon S Baird es el relato de esa última gira en la que los cómicos ya gastados y algo resentidos entre si, trabajan primero en salas de segunda pero a medida que se corre la voz la gira gana en interés. De toda maneras ya está todo dicho, ellos están lentos y el público apenas puede creer que sigan vivos. Son el pasado, ensayan rutinas para una película que nunca terminará de confirmarse y para la cual nunca se conseguirán los fondos suficientes, pero su arte sigue intacto y aunque sean una antigualla la gente en la platea los festeja y se ríe porque eso está intacto y nadie se los puede quitar. Construida con amor por la comedia Stan & Ollie los homenajea a los dos cómicos con una recreación del dúo perfecta en la que se lucen Corgan y Reilly.

En la Argentina Osvaldo Soriano supo contar la historia de ellos en artículo clásico escrito para el diario la opinión de Jacobo Timerman y ese artículo resultó el punto de partida para la primera novela del gran escritor, “Triste solitario y final”. Al menos por eso esta película debería estrenarse en la salas de cine pero me enteré en los pasillos del BAFICI que no tiene fecha y que quizás no llegue a las salas, así están las cosas.

Stan & Ollie, de Jon S. Baird (Reino Unido, 2018)

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