Hay obras de arte que por su trascendencia pasan a pertenecer al legado de la humanidad y está claro que muchas de las obras de Miguel Angel alcanzan ese status y Michelangelo infinitotrata de hacer justicia a ese legado. Una producción que consiguió tener al Vaticano como socio, lo que le permite mostrar en todo su esplendor las más importantes obras del artista italiano, pero que no logra estar a la altura del objeto de estudio. 

Cuanta la leyenda que cuando le preguntaron sobre la perfección de su David, Miguel Angel respondió, “David estaba dentro de ese bloque, yo tan sólo quité lo que sobraba”. 

Lo cierto es que la cámara del realizador Emanuele Imbucci se pierde en la observación minuciosa de la obra pero a la hora de contar quién fue el gran artista, no es tan feliz. Una especie de anfitrión/historiador que representa a Giorgio Vassari -pintor, escultor y crítico de arte que escribió sobre los principales artistas de la época-, es quien narra los momentos vitales de la biografía del artista y unas dramatizaciones apenas correctas sirven de nexo entre obra y obra. Los textos de Vassari son interesantes pero las dramatizaciones no tanto. 

En el mejor de los casos, Michelangelo infinito muestra a un artista inmenso de manera torpe, pese a eso ver su obra en pantalla gigante vale la pena aunque la película no esté a la altura.

MICHELANGELO INFINITO
Michelangelo – Infinito.Italia/Vaticano, 2018.
Dirección: Emanuele Imbucci. Guión: Emanuele Imbucci, Tommaso Strinati y Sara Mosetti. Elenco:Enrico Lo Verso, Ivano Marescotti. Producción: Francesco Invernizzi y Cosetta Lagani. Distribuidora:Zeta Films. Duración: 97 minutos.

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