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Ricardo III es la última de un grupo de cuatro obras sobre la historia de Inglaterra –la primera de las tetralogías épicas- y si bien las mismas no son piezas que se rijan por el rigor histórico, traen junto a otro conjunto de obras la mirada de Shakespeare sobre el ejercicio del poder y sobre la forma de relación de los personajes, pensados más como articuladores de tramas históricas que como personajes individuales.

Ricardo es el hermano menor, el deforme, el horrible. Ricardo es el gran conspirador. Aprovecha el enfrentamiento entre sus hermanos, el rey y el aspirante a sucederlo, para encarcelar y luego eliminar a uno de ellos. Espera la muerte de su hermano rey para destronar con argucias a sus hijos, los sucesores. La historia de palacio cuenta cómo el hermano desposeído y relegado se convierte en un autócrata, en el marco de una casa reinante en decadencia.

Lo que Shakespeare cuenta -y suele contar en sus tragedias-, es el ejercicio del poder casi en estado puro. La relación entre poder y crueldad, que Savignone comprende con profundidad, está en la base de la construcción de situaciones y relaciones. No se trata de sujetos crueles -en algunos casos ni siquiera tienen identidad-, sino que habla de tiempos de crueldad, de un ejercicio que en la propia práctica construye el poder. Lejos de la idea del poder que emana de lo divino y de allí se impone al soberano, el poder es pura práctica. Y las peleas no son sino una de las formas de tal ejercicio.

“En una sociedad enferma por la extrema ambición y la necesidad de poder, Cruel se manifiesta como un espejo deforme de la condición humana, la representación de lo horriblemente bello, las palabras de Shakespeare golpeando la puerta de nuestro presente, las voces del pasado que hacen eco en la crueldad de nuestros días”, escribió Marcelo Savignone a propósito de su puesta.

En la escena trabaja con todos los elementos de un modo capaz de hacer del horror belleza, aprovechando lo arquitectónico para aportar a una estética lúgubre y las sombras para sostener lo oculto, lo indecible, el horror de la omnipotencia.

El trabajo con la máscara neutra, el diálogo del clown con el público, el despliegue escenográfico y los cuerpos convertidos en objetos dramáticos, más el incomparable entorno que provee la Capilla del Centro Cultural Recoleta, construyen el juego dialéctico entre lo bello y lo brutal. La mirada sobre la crueldad que trae Savignone interpela al presente del mundo.

Toda la obra puede comprenderse alrededor de un instante clave: la lectura que Savignone propone de la frase clásica, “Mi reino por un caballo”. Allí despeja la mirada del presente que propone construir un pobre adefesio atormentado. Y en ese es uno de los secretos de la obra de Shakespeare, que sin dudas, en el modo que cada artista y cada tiempo lee esas frases claves.

CRUEL
Cruel. Basada en la tragedia de Ricardo III.
Concepción y dirección: Marcelo Savignone. Adaptación: Patricio Orozco y Marcelo Savignone.
Los sábados de abril a las 21.30 en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930).

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