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En un principio, bienvenido el estreno de una película finlandesa para bucear en una cinematografía donde el cine del gran Aki Kaurismäki se erige desde hace décadas como su mejor carta de presentación. Unos pasos atrás – muchos, diría – los films de su hermano Mika. Del resto, poco y nada se sabe más allá de algún ejemplo en festivales u ocasionalmente a través de una retrospectiva en la Sala Lugones.

El artista anónimo de Klaus Härö (hace algunos años se estrenó su película anterior, El esgrimista), no condice con la mirada de autor de AK ni con ese mundo intransferible de personajes melancólicos aferrados a una nostalgia rockera.

La historia del veterano comerciante de arte Olavi (Amos Brotherus), la descripción minuciosa del mundo de las subastas, la tensa relación del personaje principal con su hija y la búsqueda – y posterior descubrimiento – de una pintura anónima que podría devolver la felicidad pérdida, son algunos de los ejes temáticos que el director maneja con solvencia durante la hora y media que dura el film.

El tono elegido escarba en la melancolía y en un paraíso perdido que confronta a un mundo ambicioso y con reglamentos rígidos que no ocultan su costado omnipotente. Olavi, en ese punto, es un personaje quijotesco, ayudado por su nieto Otto, ambos con los tiempos muy acotados para descubrir al autor de esa obra anónima.

En ese sector, la película gana en energía y tensión, como si los personajes (el viejo y el joven) encarnaran a dos solitarias criaturas pretendiendo solucionar los males de este mundo. Esas escenas donde Otto investiga por su cuenta y el veterano Olavi expresa en más de una oportunidad su enojo frente al estado de las cosas, transparentan las sinceras intenciones que el director y su guionista Anna Heinämaa proponen a través de su historia.

Sin embargo, la película no agrega nada novedoso desde su puesta en escena, excedida en prolijidad y academicismo, añeja desde su banda de sonido, perezosa en su formulación final, exclusivamente aferrada a la perfección del guión y a la nobleza del grupo de actores.

En efecto, El artista anónimo parece una película de hace dos, tres décadas, de aquel cine europeo invadido por la solidez argumental y bastante desinteresado por ir más allá de una palabra escrita nacida en un laboratorio didáctico de construcción de guiones para ser ilustrados a través de las imágenes.

EL ARTISTA ANÓNIMO
Tuntematon mestari. Finlandia, 2018.
Dirección: Klaus Härö. Producción: Kai Nordberg y Kaarle Aho. Guión: Anna Heinämaa. Edición: Benjamin Mercer. Música: Matti Bye. Diseño sonoro: Kirka Sainio. Intérpretes: Amos Brotherus,  Stefan Sauk,  Heikki Nousiainen,  Pirjo Lonka. Duración: 95 minutos.

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