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Para los que son ajenos a la saga de John Wick, es conveniente contextualizar mínimamente. El protagonista es un killer tremendo, acaso el mejor de su generación. Milagrosamente pudo apartarse del círculo de hierro de la rígida organización criminal a la que pertenecía gracias a que había encontrado el amor. Su mujer murió y le dejó un perro, en donde John depositó todo su amor huérfano, hasta que un canalla (miembro también de la organización) mató a su mascota, desatando toda la ira del asesino, dispuesto a apilar tantos cadáveres como fuera necesario para saciar su sed de venganza.

Así que la ya legendaria frase “Has matado a mi perro, prepárate a morir”, tan absurda como ilógica, dentro del universo que asomaba hace apenas cinco años tenía una coherencia perfecta e iniciaba algo que probablemente nadie pensara que se iba a convertir en saga, pero el asunto funcionó tan bien que acaso esté siguiendo la lógica de por caso, Duro de matar, que fue un clásico casi instantáneo. Ahora la historia suma tres capítulos, pero si con la energía cinética desatada en la primera bastaba, el impulso sigue teniendo la fuerza y la absoluta convicción de que basta con agregarle unos pocos elementos para completar la historia del protagonista, sostener y ampliar el mundo en que se mueve y sumar más humor y situaciones absurdas para que el goce se prolongue.

Así que en las sucesivas entregas se fue completando el perfil de la todopoderosa organización, diseñada a partir de una serie de intricadas reglas que se resumen a la lealtad y membresías que se actualizan al ritmo de las traiciones y la ambición de los participantes. Así que el hotel Continental, diseñado para la pausa y la reflexión de sus huéspedes y regido por un férreo código de honor, continúa siendo un factor importante dentro de la historia, pero es apenas una arista del complejo mundo criminal, que actúa como juez y parte de la ley no escrita que marca la vida de los personajes.

Es cierto, si la primera (Sin control) era pura adrenalina, la segunda (Un nuevo día para matar) sumaba humor e ironía, la tercera pretende complejizar los códigos de honor, además de sumarle estrellas como Anjelica Huston y Halle Berry, que no aportan demasiado por un guion endeble que las olvida rápidamente para concentrase en la hiperviolencia y sí, el disfrute de los dos tiros en la cabeza con los que siempre el letal John Wick asegura su trabajo contra los innumerables asesinos con los que debe lidiar.

Hay grandes percusiones, extraordinarias peleas, algún momento western con Keanu Reeves en traje de diseño cabalgando por Nueva York y disparando desde abajo de la panza del caballo y hasta un pequeño homenaje a La dama de Shanghai, con varios duelos en una habitación de espejos.

Parabellum no es la mejor de las tres, pero en el panorama adocenado de estrenos -y ni hablar del recorte de las películas de acción copadas por superhéroes-, es un modico milagro de estos días.

JOHN WICK 3: PARABELLUM
John Wick: Chapter 3 – Parabellum. Estados Unidos, 2019.
Dirección: Chad Stahelski. Intérpretes: Keanu Reeves, Halle Berry, Ian McShane, Anjelica Huston, Laurence Fishburne, Lance Reddick, Asia Kate Dillon, Jason Mantzoukas, Mark Dacascos y Yayan Ruhian. Guion: Derek Kolstad, Shay Hatten, Chris Collins y Marc Abrams. Música: Tyler Bates y Joel J. Richard. Fotografía: Dan Laustsen. Distribuidora: BF París. Duración: 130 minutos.

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