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La historia de Bernhard Förster y Elisabeth Förster-Nietzsche y el proyecto utópico/delirante que dio origen al pueblo de Nueva Germania, sin duda merecía una película. O varias. A medida que uno se empapa en los detalles de esa historia extraña, en algún punto bizarra y fascinante, se la puede imaginar en este tiempo de biopics de personajes extravagantes como una ficción ideal para Werner Herzog. Después de todo Förster no desentonaria al lado de Aguirre o Fitzcarraldo. En cualquier caso, alguien ya se dió cuenta del potencial de esta historia y es el argentino Gabriel Muro, quien eligió contarla desde el documental.

A mediados de la década de 1880, Bernhard Förster, político, pedagogo y furioso antisemita alemán, con una interpretación bastante literal de ciertos escritos del famoso compositor Richard Wagner (también conocido antisemita), concibió el proyecto de fundar una colonia en Sudamérica habitada por alemanes puros para mejoramiento y purificación de la raza aria. Así como disparatado hoy nos suena, Förster efectivamente llevó su proyecto a cabo, acompañado en lo afectivo y asistido en la práctica por su esposa Elizabeth Nietzsche, hermana del célebre filósofo Friedrich Wilhelm Nietzsche. Förster y su esposa viajaron a un Paraguay devastado por la Guerra de la Triple Alianza, donde fundaron en 1886 su utopía con el esperanzado nombre de Nueva Germania, a 300 km de Asunción, con un ideal ecléctico a cuestas que mezclaba eugenesia y vegetarianismo. Fueron con un puñado de alemanes en su mayoría varones e intelectuales, sin conocimientos de agricultura a una zona rural comprada al estado paraguayo. Un proyecto así planteado y ejecutado no podía terminar bien y efectivamente no lo hizo. Los colonos se olvidaron de los principios rectores originales, Elizabeth terminó volviendo a Alemania y Förster se quedó solo en Paraguay suicidándose por envenenamiento tres años después. Un final nada épico para lo que se supone iba a ser la salvación de la raza superior.

Muro elige contar la historia no desde el documental histórico tradicional basado fundamentalmente en las entrevistas y el archivo, sino como una suerte de Road Movie de registro. Y tampoco se trata de un documental en primera persona, hoy tan en boga. Muro cede voz y protagonismo a José Manuel Silvero Arévalos, profesor de filosofía paraguayo, que recorre el país dando clases y conferencias y viaja a Nueva Germania para rastrear las huellas de su fundación, ver lo que quedó y lo que es ahora.

Silvero Arévalos funciona como narrador de la historia, como ocasional entrevistador y también aportando desde el pensamiento, la reflexión y al rescate de la dimensión política, sobre todo cuando su discurso se refiere a la diáspora económica paraguaya. Y también para clarificar equívocos. Aquí funcionan como un buen recurso las citas textuales, donde las más jugosas son las de Friedrich Nietzsche, que tenía una opinión bastante baja de su cuñado a quien calificaba despectivamente como “ese antisemita” y agradecía que le hiciera un favor a Alemania exiliadose voluntariamente. Un poco también para poner en su lugar la figura del filósofo a quienes los nazis pretendieron ver como un antecedente intelectual, en parte gracias a su propia hermana (de quien tampoco tenía una opinión muy elevada) quien jugó un papel de albacea bastante cuestionable. Baste para descalificar esta idea retomar lo que el filósofo opinaba sobre las ideas de su cuñado y sobre el ideal de preservación la raza alemana.

Nueva Germania sobrevive pero en nada se parece al ideal mesiánico de sus fundadores. Algo siempre queda, sin embargo, y por aquí y allá se asoman los restos del origen, sobre todo en los festejos de conmemoración de su fundación, donde aparecen las banderas alemanas, las canciones y los bailes típicos germanos en pleno trópico paraguayo, aunque nadie le importa demasiado quienes fueron los fundadores y mucho menos sus ideales raciales. De hecho ni siquiera sus nombres aparecen bien escritos en las calles que les dedicaron. Y a pesar de que esta historia tiene ribetes tragicómicos, Muro los toma pero no los subraya y no cae en la trampa de la burla condescendiente. El humor, que está presente por momentos, queda en manos de los personajes. Porque salvo por estos pocos restos, Nueva Germania en muy poco se diferencia del resto del Paraguay, con una población mayoritariamente mestiza que vive principalmente del cultivo de yerba, y algunos pocos descendientes de los pioneros alemanes hoy totalmente integrados, que aún hablan alemán, al que alternan con español y guaraní mientras se toman unos mates. Algo así como una burla descarada del destino. De la utopía racial y supremacista que le dio origen, quizás ese sea el mejor epitafio.

UN SUELO LEJANO
Un suelo lejano. Argentina/Paraguay, 2016.
Dirección: Gabriel Muro. Protagonista: José Manuel Silvero Arévalos. Guión: Gabriel Muro. Dirección de Fotografía: Nicolás Mikey. Edición: Alejandra Almirón, Iair Michel Attias. Diseño de Sonido: Juan Molteni. Producción: Hernán Figueroa Galperin, Nicolás Mikey, Nicolás Cobasky. Duración: 93 minutos.

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