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Qué bueno volver a ver a Vincent Cassel en la pantalla grande. La cara de El Odio vuelve a Paris recargada para invocar el arquetipo del Buen ladrón. La figura de Francois Vidocq pulula el imaginario colectivo del Paris en tinieblas. El policial tiene su cuna en el callejón sin salida de una futura ciudad moderna.

Es en este último sentido que la propuesta de Jean- François Richet pisa con gran atractivo. Gran ambientación, vestuario y una puesta que se arroga el gasto de no sé cuántos miles de euros: una imagen semejante presenta la película en tanto producto como fetiche. Una imagen especular que juega con un conjunto variado y significativo de personajes: ladrones y prostitutas son vendedores y mercancía al mismo tiempo.

Vidocq parece la excusa, su atractivo reside en ser parte de una fauna creciente, florece la boheme cuando los actores en la red de poder dirigen su inteligencia a un Mercado. La indefinición parece su signo: indefinida su posición económica se corresponde inteligentemente con la indefinición de su función política. Conspiradores de profesión, la cuna de la ciudad moderna les dio vía libre para recorrer una naciente red de poder. Donde el imperialismo napoleónico fogonero el capital financiero las especulaciones fueron la fuente de las primeras máquinas de control moderno.

La fundación de la primera agencia de detectives privados se debe al cinismo (propio de las buenas formas) de la clase alta y el razonamiento y accionar rebelde de las clases bajas. Vidocq se disfraza de vendedor de telas, más bien trapero: “Trapero o poeta, a ambos les concierne la escoria; ambos persiguen solitarios su comercio en horas en que los ciudadanos se abandonan al sueño; incluso el gesto en los dos es el mismo.” El horizonte de techos parisinos enmarca con sutileza la veta más seductora de la propuesta.

EL EMPERADOR DE PARIS
El emperador de Paris. Francia, 2018.
Dirección: Jean-François Richet. Guión: Eric Besnard, Jean-François Richet. Intérpretes: Vincent Cassel, Patrick Chesnais, August Diehl, Olga Kurylenko, Denis Lavant. Duración: 110 minutos.

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