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En No Direction Home (2005) Martin Scorsese echó una mirada a los comienzos de Bob Dylan y sus primeros años como artista popular, con un exhaustivo documental cuyo relato se interrumpía con el accidente de moto que su protagonista sufrió en 1966. Hacer un parate en este punto no parece una elección arbitraria, ya que aquel incidente significó también un parate en la carrera del propio Dylan, que se extendería por ocho años. En ese periodo el músico no estuvo inactivo discográficamente pero no iba a planear una gira de largo aliento hasta 1974 cuando salió a una gira norteamericana con The Band. Y sería un año después cuando concibió un nuevo tour por Estados Unidos y Canadá al que bautizó Rolling Thunder. Es ahí donde Scorsese lo retoma para este nuevo documental (también de largo aliento), producido por Netflix y exhibido en su plataforma de streaming, llamado igual que aquel histórico evento. Tampoco esto parece arbitrario porque para Scorsese, aún cuando Mr Robert Zimmerman realizó unos cuantos discos históricos que son piezas claves en la historia del rock, el folk y la música popular en general, el Dylan más jugoso, es el Dylan en vivo. Por lo menos cinematográficamente hablando. Y si no, como prueba recordar también Don’t Look Back (1967) de D.A. Pennebaker, pionero en los documentales de rock (que ahora llamamos Rockumentary), que registraba la también célebre gira de Dylan y su troupe por Inglaterra en 1965.

Scorsese arranca con un fragmento de un film mudo que muestra un acto de desaparición ejecutado por un mago. Un poco para aludir simbólicamente a este paréntesis en la carrera de Dylan y un poco también para establecer la analogía de lo que estamos a punto de ver con el acto circense, con la feria ambulante. Una idea que ya estaba en la cabeza de Dylan cuando concibió la gira, con un elenco variopinto de artistas, técnicos y fenómenos. Y obviamente con él como animador y dueño del circo. Esta troupe estaba integrada por parte de lo que sería un elenco dylaniano estable como Joan Baez o Allen Ginsberg, a los que se van sumando nuevos músicos y otros personajes como el escritor Sam Shepard, el periodista Larry ‘Ratso’ Sloman, el cineasta Martin von Haselberg y hasta una jovencísima Sharon Stone. Y en el medio se van subiendo otros en diversas paradas del camino como hace Joni Mitchell en su Canadá natal. Un montón de personajes extravagantes que incluyen amigos, colaboradores y también colgados y arribistas o sospechados de serlo. El gran circo del rock and roll con máscaras y disfraces. Con una impagable Joan Baez disfrazada del propio Dylan que llega a frikear al original y la curiosa revelación de que el maquillaje que esté llevó puesto como uniforme en vivo durante todo el tour pudo haber estado inspirado por Kiss.

Dylan va al volante en sentido figurado y literal, haciendo de chofer del autobús de la gira, al menos para la cámara. Y está claro que el cantautor se hizo cargo de que es lo que quería mostrar y como quería aparecer. Apenas estrenado el documental salieron los dylanólogos a señalar las imprecisiones (y hasta mentiras flagrantes, dicen). Scorsese también lo advierte de movida desde el subtítulo: “Una historia de Bob Dylan por Martin Scorsese”. Quien avisa no es traidor y está claro entonces que se trata de versiones que a veces se contradicen y uno tiene que elegir a quién creerle y cuánto. Después de todo, el propio Dylan dice que no se acuerda de nada de lo que pasó esta gira, para después brindarnos un relato pormenorizado.

Scorsese pudo a acceder a una enorme cantidad de material filmado durante la gira. Parte del cual fue usado en el film Renaldo and Clara (1978), experimento documental con toques surrealistas donde Dylan figura como director y guionista junto a Shepard (aunque este no quedó muy conforme con la experiencia) y que fue un fracaso de crítica y público. Y además una buena cantidad de filmaciones que permanecían totalmente inéditas. Pero en cualquier caso, tener la suerte de contar con un material valioso no asegura nada y lo importante es qué se hace con eso. Y Scorsese, que hace propio este material, realiza un trabajo monumental de montaje para organizar el relato al que acompaña con entrevistas a casi todos los involucrados que quedan. Y se acopla también a esta idea de circo ambulante, siempre en movimiento, donde se nota cierto espíritu carnavalesco, con muchos pasajes jugosos, algunos desvíos y divagues y muchos momentos musicales que se extienden a su duración natural, sin necesidad de abreviarlos o fragmentarlos como es habitual. Dylan se revela como un personaje magnético, carismático y también un poco manipulador. Con un séquito que lo seguía a todas partes, lo adoraba y un poco se aprovechaba de él. Y él un poco los mimaba y les daba un lugar para que brillen y un poco también los maltrataba y ponía en su lugar.

Hay otra línea importante que agrega el realizador que es la línea del contexto histórico, para situar al espectador en ese momento particular de la historia norteamericana, con la salida de Nixon, su reemplazo por Gerald Ford y la llegada a la presidencia de Jimmy Carter (un fan de Bob Dylan en la Casa Blanca). Una dimensión fundamental teniendo en cuenta el papel que tuvo Dylan como gran cronista de los Estados Unidos, a los que retrató como nadie. Y en ese sentido el peso que se le da en el film al momento donde, en medio de la gira, el músico va a visitar a la cárcel a Rubin ‘Hurricane’ Carter, el boxeador negro que inspiró Hurricane, uno de sus himnos más recordados.

Scorsese y el rock siempre fue una combinación exitosa. Tanto en la banda sonora de sus películas como en los ya varios documentales de rock que realizó, empezando por The Last Waltz (1978), y que se hicieron más frecuentes en este milenio con el mencionado No Direction Home (2005), Shine a Light (2008) o George Harrison: Living in the Material World (2011). Algo que se ha vuelto por suerte una saludable costumbre. Dylan y Scorsese vuelven a encontrarse y de esa confluencia obtenemos un film que es un documento de época, una experiencia a veces hilarante, a veces fascinante, una crónica desbordada y lúdica de una gira que, a su vez, puede ser un viaje en sí mismo.

ROLLING THUNDER REVUE: A BOB DYLAN STORY BY MARTIN SCORSESE
Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story by Martin Scorsese. Estados Unidos. 2019
Dirección: Martin Scorsese. Intérpretes: Bob Dylan, Joan Baez, Allen Ginsberg, Sam Shepard, Martin von Haselberg, Scarlet Rivera, Larry ‘Ratso’ Sloman, James Gianopulos, Patti Smith, Sharon Stone, Roger McGuinn, Joni Mitchell. Fotografía: Howard Alk, Paul Goldsmith, Ellen Kuras, David Myers. Edición: Damian Rodriguez, David Tedeschi. Producción: Margaret Bodde, Jeff Rosen. Producción Ejecutiva: David Tedeschi, Rick Yorn. Duración: 142 minutos.

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