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Juan Dickinson tiene antecedentes tanto en la ficción como en el documental. En este último caso, su primer largometraje Un día en Constitución (2010) mostraba los diversos personajes que deambulan/habitan/circulan por la conocida estación de trenes de Buenos Aires, en su mayor parte marginados, rechazados, problemáticos y sobrevivientes. Calificativos que, de alguna manera, también pueden aplicarse a los personajes principales de Perros del fin del mundo, su más reciente documental.

Los perros cimarrones tienen su peso en el imaginario colectivo nacional, derivado fundamentalmente de la literatura gauchesca. Son conocidas las crónicas desde la época de la Colonia acerca de jaurías de perros salvajes que vagaban por la pampa, hacían estragos en el ganado y constituían un peligro también para los habitantes y los viajeros que atravesaban las enormes llanuras aún no repartidas del campo argentino, que en ese momento ni siquiera podía llamarse tal. Una situación que duró supuestamente hasta bien entrado el siglo XIX. Y decimos supuestamente porque, entre las tantas cosas que vuelven sin que las llamen, el problema resurgió en un momento y lugar inesperados: a fines del siglo XX y principios del XXI en la isla grande de Tierra del Fuego.

Ahora hablamos de Perros Asilvestrados, un concepto nuevo para un viejo problema que es el de un número creciente de perros abandonados por el hombre en las ciudades, que en otros lados se convierten en perros callejeros y que, dada las características de las zonas urbanas y rurales de Tierra del Fuego, y de los escasos límites entre unas y otras, pasan rápidamente al campo, se agrupan en manadas y, empujados por la obvia necesidad de sobrevivir, atacan a la fauna silvestre (guanacos) y el ganado ovino, lo cual constituye un problema para los estancieros y hombres de campo ante una situación que se descontroló y ahora amenaza su economía.

El documental de Dickinson se apoya mayormente en las numerosas entrevistas a un grupo variado de personajes con diversos orígenes, formación, e intereses. Desde estancieros hasta veterinarios y responsables de refugios de perros. Todos reconocen el problema como tal pero pueden llegar a diferir mucho en la forma de abordarlo, con opiniones a veces muy diferentes y contrapuestas. En cualquier caso, en lo que todos coinciden es que el origen de esta situación está en la irresponsabilidad del hombre que abandona y deja desamparado al que teóricamente es su mejor amigo. Uno escucha los relatos de los estragos que hacen las jaurías con el ganado y las pérdidas para los dueños de los campos y puede comprender su preocupación, pero tampoco puede dejar de sentir simpatía por los pobres perros y ponerse un poco de su lado. Al fin y al cabo están en esta situación por la estupidez y la crueldad humana.

Lo que es un poco disruptivo con el resto del film es el relato en off al que se recurre de tanto en tanto y le da en esos momentos una impronta de documental didáctico televisivo. Dickson elige un tema raro, inusual, en una mezcla de documental de naturaleza y denuncia social, que en general funciona. En el breve espacio de una hora, consigue hacerlo interesante, que se comprendan las razones contrapuestas de los involucrados y que uno empatice incluso (y sobre todo) con los problemáticos perros, abandonados a su suerte en el llamado fin del mundo

PERROS DEL FIN DEL MUNDO
Perros del fin del mundo. Argentina. 2018.
Dirección: Juan Dickinson. Dirección de Fotografía: Miguel Abal. Música: Walder Martinez. Edición: César Custodio, Julia Straface. Sonido: Martín Grignaschi. Producción: Juan Dickson, Fernando Musa. Dirección de Producción: Javier Leoz. Distribuye: 3C Films Group, Dar a Luz Cine. Duración: 64 minutos.

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