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La ópera prima de la realizadora andaluza, Celia Rico Clavellino, nos ofrece una historia pequeña, íntima y muy bien narrada sobre el vínculo entre una madre y su hija, quienes transitan una etapa de cambios que deberán asumir, no sólo cómo familia sino para crecer individualmente.

Filmada, prácticamente, dentro del departamento donde ellas conviven, la película inicia con un plano fijo que las encuadra juntas y recostadas en el sillón de su living. Una imagen acogedora que demuestra su apego afectivo y la dependencia mutua que la une. Ellas parecen entrelazar sus cuerpos bajo un cordón invisible, que deberá cortarse.

Leonor (Anna Castilllo) tiene veinte años y trabaja como planchadora en una casa de costuras, donde su madre fue una gran modista, pero no está confirme con lo que hace ni seguir ese legado. Sale con amigas, y descubre que hay otras realidades más allá de la vida en el pueblo y de su hogar. Leonor necesita dejar su casa e independizarse, pero le pesa el estado de soledad y tristeza de su madre, Estrella (Lola Dueñas), tras la ausencia de su padre. Ambas, comparten ese duelo de diferentes maneras. Para Estrella, quien parece negarlo, el deseo de su hija de irse, representará otro abandono. Asumir la instancia del nido vacío, será una nueva oportunidad para sí misma.

Si en la primera mitad de la película, prevalece el punto de vista de Leonor, con sus frustraciones, sentimientos encontrados e inseguridad, en la segunda parte, lo haremos a través de la mirada de Estrella, quien acompaña los cambios de su hija, con tal dedicación y sensibilidad, que ella misma se va modificando. Casi como un juego de espejos o de causa y efecto, el amor que las une, lo hace posible.

En Viaje al cuarto de una madre, la realizadora se acerca a sus personajes y los contiene en planos cerrados, dentro de un ambiente donde no hay lugar para alguien más. Trabaja con la riqueza de los gestos, con la mirada puesta en los detalles y en las sutilezas que enriquecen una narración cargada de matices. Por eso mismo, la evolución del relato que, aparenta ser mínima y apacible, responde a un proceso interno y subjetivo de las protagonistas, en relación a la maduración. En ese devenir de independizarse y afianzar la identidad que se busca, el “viaje” entre los cuartos, primero ocupados y luego vacíos, funciona como el síntoma de un proceso inevitable de libertad.

A una puesta en escena minuciosa, de acciones mínimas, se suma la química entre la dupla de actrices, principalmente, a través del la gran Lola Dueñas (Hable con ella, Volver; Los abrazos rotos, Mar Adentro, entre otras), ofreciéndonos una interpretación tan natural y auténtica, que permite gran empatía con el personaje.

Luego de su paso por los Festivales Internacionales, la película ha recibido 4 nominaciones a los Premios Goya, que incluye: Mejor dirección novel y Actriz (Dueñas); el Premio a la Juventud en el Festival de San Sebastián y varias nominaciones en los Premios Feroz, Gaudí y Platino.

En su debut en el largometraje, la directora Celia Rico Clavellino, quien había sido premiada anteriormente por su corto Luisa no está en casa (2012), ofrece una mirada interesante sobre los roles, los vínculos matriciales y el paso del tiempo.

VIAJE AL CUARTO DE UNA MADRE
Viaje al cuarto de una madre. España, 2018. Dirección y guion: Celia Rico Clavellino. Intérpretes: Lola Dueñas, Anna Castillo, Pedro Casablanc, Noemí Hopper, Marisol Membrillo, Susana Abaitua, Ana Mena, Adelfa Calvo, Silvia Casanova, Maika Barroso. Montaje: Fernando Franco/Música: Paco Ortega. Fotografía: Santiago Racaj. Duración: 91 minutas.

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