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Después de recorrer el largo camino que va del inicio de una buena serie de películas hasta la autoparodia, vuelve Chucky, renovado y efectivo. 

El Chucky que nos ocupa en el presente es hijo de una venganza, la de un empleado de la fábrica en Vietnam donde una corporación fabrica al muñeco. El obrero es humillado por el capataz de la planta y es echado del trabajo ante la vista del resto de los trabajadores. Antes de suicidarse el devastado proletario cambia el chip de uno de los muñecos quitándole todos los protocolos de seguridad. Ese muñeco es embalado y transportado a los Estados Unidos. 

En la tienda donde se comercializa el muñeco está la encargada del call center, separada y con un hijo que tiene problemas auditivos y usa audífonos. La madre se queda con un uno de los muñecos devueltos y se lo lleva al hijo de regalo porque está pasando un momento difícil. Y claro, el muñeco es aquel que había sido modificado por el obrero vietnamita, así que la vida de el pibe y su madre empieza a ser un infierno y todo porque el muñeco es más malo que la peste.

La gran sorpresa de este Chucky 2019 es que el muñeco es un verdadera proeza virtual, el resto de la película no es sorpresa porque confirma que la idea es incombustible y que Chucky mantiene la efectividad. La película es entretenida tiene leves toques gore y si ven la versión original, un plus que es la voz del gran Mark Hammil, pero hay que buscarla porque por desgracia cada vez es más común que nuestras salas se llenen de copias en español. 

EL MUÑECO DIABÓLICO
Child’s Play. Estados Unidos/Canadá/Francia, 2019.
Dirección: Lars Klevberg. Guión: Tyler Burton Smith. Elenco: Aubrey Plaza, Mark Hamill, Gabriel Bateman, Brian Tyree Henry, Tim Matheson, David Lewis, Beatrice Kitsos, Trent Redekop, Ty Consiglio, Carlease Burke. Producción: David Katzenberg y Seth Grahame-Smith. Distribuidora: Digicine. Duración: 90 minutos.

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