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La forma en que la historia le llegó al fotógrafo y documentalista argentino Ricardo Preve puede haber sido fortuita. De hecho él comenta en el film que la escucho por pura casualidad mientras buceaba en Sudán. La historia en cuestión se remonta a 1940, en plena Segunda Guerra Mundial. Un submarino italiano patrullando el Mar Rojo encalla en una formación de arrecifes. La tripulación debe abandonar la embarcación que se hunde sin remedio y van a parar a una pequeña isla en las proximidades de lo que entonces era la Eritrea italiana y hoy forma parte de Sudán. Así sobreviven 44 submarinistas a duras penas en un lugar desolado en medio de la nada. Pero hay uno de ellos que no sobrevive, el suboficial Carlo Acefalo, quien es enterrado en la isla. Sus compañeros son rescatados unos días después pero el cuerpo de Acéfalo permanecerá allí durante las décadas subsiguientes y hasta la actualidad.

Y si, podrá haberle llegado de forma casual, pero fue lo suficientemente atrapante no solo para darle a Preve la idea de hacer una película al respecto, sino para involucrarse personalmente poniendo recursos y el cuerpo en la misión de búsqueda de un soldado caído en África hace casi 80 años para su posterior repatriación a Italia. Es decir, no solo el registro de la empresa sino su misma organización, haciendo además partícipes a los gobiernos italiano y sudanés.

Preve toma una historia que parece mínima en el marco masivo y abrumador del mayor conflicto bélico del siglo XX y se concentra tanto en la odisea de estos 44 hombres como también da cuenta de por qué es importante el rescate de ese cuerpo dejado atrás hace tantos años. Una pregunta que puede surgir cuando nos enteramos que ya no queda ningún miembro de la tripulación vivo, apenas algunos de sus hijos en un estado de edad avanzada. Y, sobre todo, no quedan familiares cercanos de Acefalo.

La falta de testimonios de primera mano es suplida por la lectura de fragmentos del diario de abordo, cartas de los tripulantes y partes del informe de la comisión investigadora que se formó después del incidente. La música se hace cargo de la emotividad que la falta de testimonios directos escatima, y a veces subraya de más este aspecto. El otro recurso es la reconstrucción con actores, algo que funciona de manera ilustrativa y sin diálogos ya que la voz de los protagonistas ya está presente en las lecturas.

Pero además de la reconstrucción histórica, está el aspecto más interesante del film que es el registro de la misión de rescate. En esa línea es Preve quien asume el protagonismo narrativo junto al antropólogo forense Matteo Borrini y es lo que le da al documental un carácter de película de exploración y aventuras. Preve y Borrini viajan a la isla, buscan, localizan, y desentierran los restos de Acefalo, y en ese proceso y bajo el sol abrasador de África del Norte, ambos van dialogando y el antropólogo va haciendo una descripción pormenorizada de los restos, sus características particulares y en qué medida cada pequeño detalle permite confirmar la identidad del sujeto buscado.

El objetivo de la misión es rescatar el cuerpo de Acefalo, llevarlo de regreso a su pueblo y enterrarlo junto a la tumba de su madre quien esperó pero no pudo ver el retorno de su hijo ni vivo ni muerto. Esta tarea que no es sencilla y no emplea pocos recursos tiene una importancia que el documental se plantea poner de relieve. Porque aunque no haya parientes cercanos que lo reclamen está claro que no es lo mismo dejarlo donde está que recuperarlo y darle sepultura. Ya sabemos desde Antígona de la importancia de los ritos funerarios en lo que tienen de intrínsecamente humano y la historia de Latinoamérica también nos brinda ejemplos de la importancia de continuar la búsqueda de los restos de los desaparecidos.

El documental va de lo universal a lo personal y ese carácter se observa incluso en la dedicatoria final, que va desde todos los marineros italianos caídos, hasta la propia hija de Preve que falleció en 2017 (lo cual habla del valor personal que este le da al proyecto). Y hay además una dedicatoria a los 44 tripulantes del Ara San Juan, un detalle que nos trae inesperadamente a la actualidad y da cuenta de cómo esta historia originada hace 80 años tiene también algo para decir del presente.

VOLVIENDO A CASA
Volviendo a casa. Argentina/Italia, 2019.
Dirección, Producción y Guión: Ricardo Preve. Fotografía: Giulia Scintu. Música: Andrés Rubinsztejn. Edición: Rolando Rauwolf. Sonido: Sergio Albertoni. Producción Ejecutiva: Ramón Cardini. Distribuye: Vi-DOC. Duración: 88 minutos

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