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La primera película de Claire Denis completamente en idioma inglés no es su primera incursión en el cine de género (ya había probado con el Terror en Trouble Every Day, de 2001) pero sí en el de la ciencia ficción. No siendo una directora “del palo” e identificada con el cine de autor y festivalero, podría hacer arquear las cejas en desconfianza de algún sci-fi boy línea hardcore, pero de la visión de High Life se desprende que Denis conoce el género y sabe de qué fuentes beber. En este caso de la ciencia ficción introspectiva e intimista que podemos rastrear hacia los 60 y 70 y cuya estela llega hasta más acá.

La acción transcurre en una nave espacial en misión prácticamente suicida aproximándose a un agujero negro para buscar nuevas fuentes de energía. La tripulación está compuesta por condenados a muerte que aceptaron esta alternativa ya que la de quedarse en casa no era mucho mejor. Algunos tienen alguna especialidad o conocimiento técnico, pero todos comparten un pasado criminal y la experiencia de espera en el pasillo de la muerte. La convivencia es tensa y difícil como podría esperarse y la disciplina débil aunque razonable para que la cosa se mantenga en funcionamiento y la misión avance hacia su destino incierto. La doctora Dibs (Juliette Binoche) es una médica investigadora que tiene en el resto de los tripulantes a los sujetos de sus experimentos en el ámbito de la reproducción y el intento de conseguir un nacimiento en el espacio. Entre estos tripulantes está Monte (Robert Pattinson), un tipo seco, ascético, que se impuso a sí mismo una disciplina férrea que incluye la castidad y que hace que los otros lo comparen con un monje.

Las primeras imágenes del huerto de la nave nos hacen acordar a Naves Misteriosas (1972), al igual que la obsesión de su protagonista con la vida vegetal se asemeja a la de Dibs por la perpetuación de la vida humana, llegando incluso a decir de a sí misma que está “consagrada a la reproducción”. Hay aquí también destellos de 2001 (1968) y Solaris (1972), la idea de un fenómeno del espacio exterior que confronta a los personajes con su espacio interior. Y también hay algo de Alien (1979), sobre todo Alien 3 (1992) en su propuesta de prisioneros aislados en el espacio y, en el caso de Monte, su carácter cuasi monástico.

High Life es una propuesta que tiene además sus propias e interesantes ideas. En particular es una película donde lo corporal tiene un rol fundamental: el placer, el dolor, el goce, las heridas, la enfermedad. Corren los fluidos corporales, el sudor, la sangre, el semen, la leche materna. El sexo es protagonista tanto en lo que refiere al proceso reproductivo como en el goce más desenfrenado. Una de las escenas más fascinantes muestra a Dibs en una máquina sexual, mezcla de consolador y toro mecánico, abandonada a un éxtasis orgásmico en un revoleo de pelos y carnes que recuerda algún capricho de Goya. “Sé que parezco una bruja” dirá en son de burla y desafío.

A esta corporalidad extraviada también se le contraponen los intentos de controlar y someter los cuerpos. Como puede ser el control del propio en el caso de Monte, pero sobre todo los intentos de someter el cuerpo del otro, sea por la violencia, el asesinato o la violación. El sexo puede incluir la autosatisfacción tanto como diversas formas de relación no consentida. Hasta la experimentación científica funciona de esta forma. Dibs experimenta con los cuerpos de los otros, los ordena, clasifica y regula a veces sin decirles toda la verdad y en algunos casos engañándolos directamente. Las autoridades de la Tierra, también con verdades a medias y ocultamiento flagrante disponen de los cuerpos de sus tripulantes desde la condena a muerte hasta su destino de cobayos.

El relato se despliega en varias líneas temporales, va y viene y pasa alternativamente de uno a otro. Son además esenciales los climas, por momentos de un discurrir adormilado, por otros de una vigilia tensa o una atmósfera de irrealidad , y en esto cumple un papel clave la fotografía de Yorick Le Saux (Personal Shopper, Only Lovers Left Alive) y el polaco Tomasz Naumiuk. En su incursión en el universo de la ciencia ficción, Claire Denis se nutre de algunos de los clásicos más desafiantes del género y a su vez despliega su propia y original visión, y esta experiencia da como resultado un film a que es por momentos perturbador u opresivo, a veces cálido, a veces brutal y, sobre todo, provocador e hipnótico.

HIGH LIFE
High Life. Coproducción Francia-Alemania-Reino Unido-Polonia-Estados Unidos. 2018
Dirección: Claire Denis. Intérpretes: Robert Pattinson, Juliette Binoche, Mia Goth, André Benjamin, Agata Buzek, Victor Banerjee, Jessie Ross. Guión: Claire Denis, Jean-Pol Fargeau, Geoff Cox. Fotografía: Yorick Le Saux, Tomasz Naumiuk. Música: Stuart Staples, Tindersticks. Edición: Guy Lecorne. Dirección de Arte: Bertram Strauß. Distribuye: Maco Cine. Duración: 113 minutos.

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