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El Proyecto Pruebas es una iniciativa de una serie de puestas teatrales que desde hace algunos años presenta la Compañía Buenos Aires Escénica, con dramaturgia y dirección de Matías Feldman, quien se propuso en cada una de ellas indagar sobre diferentes aspectos de la narración teatral. El espectador, La desintegración, Las convenciones, El tiempo, El ritmo e Hipervínculo, son las seis obras hasta acá llevadas a escena.

Todas son, más allá del trabajo de investigación fino, profundo e inquietante, muy divertidas. Las producciones tienen un humor que opera sobre los juegos del lenguaje y sobre los personajes, conectando rápidamente con el espectador. Construye con la platea un diálogo y un código de manera eficaz. Pero cada obra, a su vez, trabaja en capas diferentes textos, historias y dispositivos escénicos. Así desarrolla una reflexión sobre el eje que el propio título enuncia.

La prueba 7, tal como se conoce a Hipervínculo, es una búsqueda que permite pensar críticamente la lógica de construcción de los relatos. Feldman desmonta operaciones que partiendo de obras de la pintura que rompieron las construcciones hegemónicas, permiten hacer evidentes los modos en que aparecen, fugan y se consolidan las asociaciones entre ideas y palabras. Potencia un relato sin linealidad ni horizonte, reflexiona sobre el texto artístico como representación y pone en evidencia que todo puede ser pensado de otra manera.

Dicho así, Hipervínculo parece que rechaza al espectador no experto. Nada más lejos que eso. Si desde la masificación de internet y las publicaciones digitales la idea de hipervínculo refiere al modo en que “linkeamos” una con otra en el infinito virtual, esa práctica de abrir ventanas tras ventanas perdiendo la memoria sobre el origen que nos trajo a la última -y a la siguiente a la última-, esa forma de enlazar textos, imágenes, nociones o palabras, no es diferente a la que nuestro propio cerebro construye constantemente.

¿Cómo pensamos? ¿Cómo surge una narración? ¿Cómo se ordenan el caos de ideas muchas veces surgidas como intuiciones, imágenes, palabras sueltas o pequeños relatos?

Ese conjunto de narraciones y representaciones y de imágenes y recuerdos, son puestos en la escena por Feldman con esa lógica. Reiteraciones, paralelismos, desplazamientos de tiempo y espacio más otras formas de poner en crisis el relato lineal, son aprovechadas para construir un dramaturgia que no tiene centro, que no tiene horizonte ni una línea de fuga que organice una perspectiva salvadora. El humor siempre aparece a partir de la puesta en crisis de nuestras propias expectativas ante una obra.

Las feministas y la izquierda; Walter Benjamín y Rembrandt; una nave espacial llegando a Marte donde el amor de dos mujeres no puede ser ocultado –y se despliega como melodrama-; Juana la loca y Felipe el hermoso en un programa de panelistas; la selfie como prueba de la existencia del ser; la representación o el reemplazo de la imagen por la cosa; youtube como el universo de lo uno y el todo. Entre todas las escenas, una poeta metalera que fue artista plástica y curadora del MOMA da una conferencia magistral donde el lenguaje de la academia, desplazado de su entorno protector, hace evidente su banalidad y se transforma en desopilante. Las palabras sueltas que atraviesan la obra empiezan a tener sentido por la propia lógica que despliega la dramaturgia, en un repetir de sonidos que configuran un mar que no busca playa alguna.

La obra es una experiencia que envuelve y atrapa al espectador, he ahí el punto central. No es un relato sobre esta forma de construir el pensamiento, sino una experiencia sobre esa construcción. El pensamiento se produce junto al espectador. Que sea así hace muy valiosa esta experiencia teatral.

Los 29 actores en escena sostienen el trabajo con una intensidad sorprendente y un talento notable. Visualmente la obra tiene una característica muy valiosa: aprovecha el volumen del escenario para producir un ejercicio dialéctico entre los espacios, que se construyen y desarman permanentemente, desarrollando una belleza plástica muy poco frecuente en el teatro argentino. Gracias a semejante potencia visual y escenográfica logran hacer estallar este universo caótico. Durante algo más de dos horas y media el espectador es invitado a recorrerlo sin un centro ni un destino, porque la obra jamás termina.

EL HIPERVÍNCULO (PRUEBA 7)
Autor y director: Matías Feldman
Elenco: Luciano Suardi, Maitina De Marco, Mara Bestelli, Delfina Dotti, Eddy García, Paco Gorriz, Walter Jakob, Javier Lorenzo, Vanesa Maja, Ariel Pérez De María, Paula Pichersky, Claudio Rangnau, Valentino Alonso, Martín Bertani, Pablo Brignoccoli, Gonzalo Carmona, Nicolás Gerardi, Augusto Ghirardelli, Juan Jiménez, Lucila Kesseler, Lina Lasso, Glenda Maislin, Agostina Maldino, Dora Mils, Aldana Nasello, Julieta Raponi, Pilar Rozas, Néstor Segade, Norberto Simone. Coordinación de producción (CTBA): Adrián Andrada. Asistente de dirección (CTBA): Rosana Rodríguez, Jeremías Sapire. Producción Técnica (CTBA): Matías de los Santos. Asistencia de escenario: Malena Juanatey, Tatiana Mladineo y Rodrigo Paris. Producción Cia. Buenos Aires Escénica: Ariane Cuminale. Dramaturgista: Juan Francisco Dasso. Diseño de sonido: Nicolás Varchausky. Diseño de video: Alejandro Chaskielberg. Diseño de iluminación: Alejandro Le Roux. Diseño de vestuario: Lara Sol Gaudini. Diseño de escenografía: Cecilia Zuvialde. Teatro General San Martín – Sala Martín Coronado – Miércoles a domingo a las 20.

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